Cuando las Canarias fueron portuguesas

Publicado en por Emma Rodriguez

CANARIAS.jpgEs un hecho poco conocido que algunas de las Islas Canarias fueron legalmente portuguesas durante 52 días.

El Rey
de Portugal tuvo durante ese plazo el derecho de conquista del archipiélago canario.

El 15 de septiembre de 1436 el Papa Eugenio IV firmó la bula Romanus Pontifex concediendo a Portugal la conquista de las Islas Canarias.

El 6 de noviembre de 1436 el mismo Papa firmó otra bula, la Romani Pontificis, en la que se desdecía de la anterior, revocando el derecho portugués a la conquista y declarando que el derecho de conquista de las Islas Canarias correspondía al Rey de Castilla y León.

¿Qué ocurrió para que en tan breve plazo de tiempo el mismísimo Papa se contradijera a sí mismo? ¿Cómo fue posible que se tomaran dos resoluciones opuestas de forma casi inmediata? Y sobre todo, ¿cómo se comprende que se tomaran con tanta presteza esas dos decisiones contradictorias sobre un contencioso entre Portugal y Castilla conocido ya desde hacía tiempo y que había contado con la intervención de múltiples expediciones, embajadas y esfuerzos diplomáticos de toda índole?

El derecho vigente en el Occidente medieval cristiano consideraba a los infieles carentes de toda personalidad jurídica. Se les suponía sujetos exclusivamente a la voluntad y derecho divino. Por tanto, el Papa, como representante de Dios en la Tierra, tenía potestad sobre los mismos y podía disponer de ellos a su total arbitrio; esta jurisdicción se extendía sobre cualquier territorio tanto conocido como desconocido y alcanzaba tanto a los territorios ocupados por infieles y todo su contenido como a sus propias personas.

En principio y de forma genérica, los reyes cristianos no necesitaban autorización del Papa para conquistar y ocupar territorios ocupados por infieles. Lógicamente, el Papa las concedía si se producía una petición o bien si tras la conquista se solicitaba la confirmación por el correspondiente monarca. En todo caso, el pronunciamiento del Papa era importante puesto que claramente fortalecía la posición del conquistador. Por supuesto, las posibles controversias entre Reinos cristianos por cualquier disputa se dirimían por el Papa y su dictamen divino era inapelable; evidentemente, esto convertía al siervo de los siervos de Dios en el poder terrenal más importante de los existentes.

Pero obviamente, las decisiones papales se basaban en los dictámenes, estudios y opiniones de los doctores de la iglesia que formaban la curia papal; y esa curia era una corte terrenal como cualquier otra, sometida a camarillas, influencias, intrigas y todo tipo de maniobras que podamos imaginar.

En el asunto de las conquistas territoriales que nos ocupa, existía bastante margen para la influencia y la maniobra puesto que, a diferencia de las cuestiones relacionadas con los llamados infieles musulmanes que ya contaban con experiencia de siglos y se conocía perfectamente la jurisprudencia de la Iglesia sobre las mismas, no existía demasiada experiencia en cuestiones sobre los territorios habitados por los llamados infieles paganos y las relaciones con ellos.

En efecto, hasta el siglo XIV no había habido demasiados contactos entre el Occidente cristiano y territorios paganos y mucho menos controversias sobre las que el Papa hubiera debido pronunciarse, por lo que no existía gran experiencia previa ni jurisprudencia papal asentada. Incluso en la propia curia papal existían voces que ponían en duda o al menos cuestionaban la universalidad y omnipotencia de la jurisdicción del Papa. Así pues, la decisión en la materia podía ser objeto de influencias de todo tipo.

Aunque hubo expediciones y presencias intermitentes genovesas, aragonesas, mallorquinas, castellanas y portuguesas en las islas desde 1312, el contencioso entre Portugal y Castilla comenzó en 1344 cuando el Papa concedió la conquista de las Islas Canarias a Luis de la Cerda, bisnieto de Alfonso X el Sabio, como un feudo del Papado. Esta peculiar decisión, se basaba en una ley de los tiempos de Constantino que ponía bajo el dominio del Papa todas las islas de Occidente. Conocedor Luis de la Cerda de la controversia por las Islas y las múltiples expediciones realizadas, quiso proteger sus intereses en las Islas solicitando que se explicitara el dominio del Papa sobre las islas y su concesión a título feudal.


Fuente:
Revista Historia de Iberia Vieja

Etiquetado en Historia de España

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Pachi 02/09/2010 12:12


Es curioso, porque en esa época ya se había iniciado la conquista castellana de las Canarias, creo que en 1404 :)