Como comerciar con la contaminación

Publicado en por Emma Rodriguez

345_3_2.jpgHay un mercado de fuerte crecimiento en Estados Unidos que comercia algo que nadie quiere: los gases invernadero de la atmósfera.

Centenares de compañías hacen posible que los individuos, las organizaciones, los negocios e incluso eventos como los festivales de música rock se proclamen “neutrales en carbono” pagando a otros para que reduzcan sus emisiones.
Este mercado “informal” no regulado es accesible para cualquier persona, empresa o grupo que desee minimizar su huella de carbono.

Uno de los ejemplos más habituales de este caso son los que se ofrecen para compensar las emisiones asociadas a los viajes en avión (que incluso se venden en tiendas en los aeropuertos): uno paga, y a cambio la empresa gestora se compromete a reducir o fijar emisiones (por ejemplo, plantando uno o varios árboles).

Es un mecanismo internacional para reducir las emisiones contaminantes al medio ambiente —propuesto por los países signatarios del Protocolo de Kyoto— que ofrece incentivos económicos para que las empresas contribuyan a mejorar la calidad ambiental y se regule la contaminación generada por sus procesos productivos.

Hasta la fecha, 174 países han ratificado el Protocolo de Kyoto, el cual les obliga a reducir sus emisiones nacionales de gases invernadero o a contratar un traspaso de emisiones, un plan en el cual los países que contaminan pueden comprar créditos de carbono a los que no lo hacen.

Con los Bonos de Carbono se ha creado un mercado de energías renovables que da una alternativa a las empresas y a los países signatarios del Protocolo de Kyoto para que cumplan con sus compromisos con el medio ambiente; se conoce como Mecanismo para un Desarrollo Limpio (MDL).

Aunque las compensaciones de carbono atraen la atención a las causas ambientales y al hacer surgir la conciencia pública, se están viendo acosadas por muchas razones.

Dado que la regulación para esta nueva industria aún está en desarrollo (a través, por ejemplo, del Mecanismo de Desarrollo Limpio del Protocolo de Kyoto), las compañías que venden compensaciones no están vigiladas de cerca para asegurar que siguen sus promesas.

 

Sobre este su utilidad real hay divergencias: o sirve para reducir emisiones realmente y solamente permite aliviar nuestra culpa de forma barata; o como un instrumento eficaz de reducción de costes para alcanzar un objetivo de reducción de emisiones dado.

En otras palabras, el concepto que apuntala todo el sistema del comercio y las compensaciones de carbono es que una tonelada de carbono aquí es lo mismo que una tonelada de carbono allá. Esto significa que, si reducir las emisiones de carbono en la India es más barato que hacerlo en el Reino Unido, entonces se puede lograr el mismo beneficio para el clima, y de una forma más eficiente desde el punto de vista económico, haciendo las reducciones en la India.

Sea como sea lo único seguro es que es un negocio redondo:


El comercio de los créditos de carbono, según datos europeos, ascendió a 126.000 millones de dólares en 2008, y se espera que llegue a los 3,1 billones en 2020.

Cuando los Bonos de Carbono salieron al mercado en 1998 se cotizaban en 3.45 dólares; para octubre del 2007 su valor oscilaba entre 13 y 14 dólares y se espera que para el 2010 lleguen a los 20 dólares.

El intercambio de bonos de carbono está creciendo a tal velocidad que hasta el año 2007 se valuaba en 30,000 millones de dólares y su perspectiva de crecimiento es de 500,000 millones  y hasta un trillón en el 2020, según datos de la calificadora JP Morgan.

Cada año se intercambian 150 millones de Bonos de Carbono en todo el mundo:
China, India y Brasil concentran el 70% del mercado. China participa con 65 millones, India con 23 y Brasil con 17... este dinerito daría para hacer unos cuantos proyectos "limpios" aunque, como hemos dicho, esto no está regularizado por ninguna parte y estas "compensaciones" no se vigilan ni siguen... ¿a donde va todo este dinero entonces?

Fuentes:
CNNExpansión.com
JP Morgan

Etiquetado en Economía

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