William Walker, el último filibustero
El término filibusterio tiene varias aceptaciones.
Originalmente, filibustero era un calificativo que se refería a los piratas que saqueaban en las Antillas en los siglos XVII y XVIII.
Hoy en día filibuster, que significa "sabotear" o "interrumpir" es una táctica de retraso (a la desesperada) usada por las minorías políticas de EEUU para demorar la aprobacion de una ley.
Pero el término que nos interesa es el que se aplicó, en el siglo XIX, a una serie de aventureros -pequeños grupos de hombres armados- cuyo objetivo era derrocar a los gobiernos de México y América Central y hacer de esos países estados marioneta de Estados Unidos.
Uno de ellos fue el personaje que nos ocupa, William Walker.
Nacido en 1824 en Nashville (Tennessee). Con el fin de estudiar medicina viajó a Europa.
En el Viejo Continente se vivían tiempos agitados; había en el aire una visión idealizada de los procesos revolucionarios, a los que se percibía como el único medio de imponer los ideales democráticos y nacionalistas.
En 1848, mientras Walker estaba en Europa, estallaron los alzamientos populares que en Francia llevaron a la Segunda República y que en otros países (Alemania, Austria, Italia, Hungría, Polonia) fracasaron ahogados en sangre.
Cuando volvió a su país, el joven Walker ya era un calificado médico, además de abogado y periodista.
Fue juzgado por violar las leyes de neutralidad, pero fue absuelto por un jurado complaciente.
En junio de 1855, uno de los bandos del conflicto civil nicaragüense, el liberal, lo llamó para que le ayudara a ganar la guerra. Derribó al gobierno conservador y decidió quedarse el gobierno para sí. Obtuvo el reconocimiento diplomático norteamericano, pero las protestas de España, Francia y países americanos como Brasil, Chile y Perú hicieron que el presidente Franklin Pierce no tuviese más remedio que desaprobar sus acciones.
En el poder se comportó como un tirano bananero de la peor calaña.
Declaró el inglés idioma oficial de Nicaragua y restableció la esclavitud, con la idea de incorporar Nicaragua a su país natal como un estado esclavista más, y así ayudar a alterar el equilibrio interno de Estados Unidos en favor de los estados confederados.
Sus intenciones no dejan lugar a dudas en una de sus cartas escritas en 1857:
"el restablecimiento de la esclavitud del negro constituye el medio más rápido y eficiente para que pueda establecerse permanentemente la raza blanca en Centroamérica (...) ".
La mayor parte de los viajeros que provenían de la Costa Este iban a California por mar, y había dos rutas. La principal empezaba en Nueva York, desde donde se viajaba al puerto nicaragüense de San Juan del Norte (Greytown). Luego se cruzaba el Río San Juan, el lago de Nicaragua y el istmo por San Jorge y se navegaba por el Océano Pacífico hasta San Francisco. La otra ruta implicaba viajar a Panamá (entonces parte de Colombia) y cruzar el istmo por ferrocarril.
Ya en el poder, Walker expropió los bienes de la Accessory Transit Company con el pretexto de una violación contractual y los entregó a sus socios.
Si Walker se hubiera definido como ciudadano norteamericano quizás le hubieran protegido, pero se declaró presidente depuesto de Nicaragua en acción de reclamar lo que le pertenecía, y entonces los británicos lo entregaron a las autoridades hondureñas. Una corte marcial lo condenó a morir frente a un pelotón de fusilamiento.
Ironías de la Historia
La mayoría de los estadounidenses no tienen ni idea de quien era este señor. Esto pudo comprobarse en 1988 cuando el presidente George W. Bush escogió cuidadosamente al nuevo embajadaor para El Salvador para que calmase los ánimos de la región y no podían entender porqué la gente de Centroamérica se reía nada más mencionar el nombre del nuevo embajador: William Walker.
Fuentes:
cinefania.com