Pakistán, la desestabilización de un país

Publicado en por Emma Rodriguez

mapa-pakistan.gifLa situación de Pakistán cada vez es más compleja. La verdadera guerra que se libra en esta zona del mundo tiene lugar aquí y no en Afganistán, concretamente en la frontera de 2.400 kilómetros entre Pakistán y Afganistán, lo se consideran casi como un Estado propio, un montañoso «Pastunistán».


Las mal concebidas «yirgas de la paz» para unir a las tribus de ambos lados de la frontera bajo la bandera del contra­terrorismo no hacen sino poner al descubierto la futilidad de los es­fuerzos de los gobiernos estadounidense, afgano y pakistaní para do­minar la frontera tribal mediante planes que ninguno de ellos tiene capacidad para poner en práctica.

 

A lo largo de sus seis décadas de existencia, Pakistán ha alternado el gobierno militar y algo pareci­do a la democracia. En todo caso, ya sea con democracia o con dicta­dura, los ciudadanos de Pakistán se han llegado a acostumbrar a la co­rrupción y el subdesarrollo.

 

«Mientras la mayoría de los países tiene un ejército, el ejército de Pakistán tiene un país», dice un chiste.


El golpe de Estado del general Musharraf en 1999 fue el primero que se producía en un Estado con armamento nuclear. A pesar de su retórica de «modera­ción ilustrada», que le ha granjeado el apodo de «sha de Pakistán», la alianza de Musharraf con partidos islamistas y grupos radicales ha perjudicado sus propios planes, y los de Estados Unidos, para esta­bilizar Afganistán, lo mismo que les sucedió a sus predecesores milita­res.


En cuanto a la modernización, la economía pakistaní, controlada por el ejército, es en realidad un fraude que consiste en importaciones de lujo y liquidaciones de propiedades inmobiliarias a precios míni­mos, incluida una lujosa propiedad de «siete estrellas» en Islamabad financiada con dinero árabe y construida para emular el glamour de Dubái.


Karachi es a un tiempo la ciudad más rica y la más pobre del país, el centro de la industria y de las madrasas radicales que exportan extremistas a Afganistán y Cachemira, así como el escenario de vio­lentos enfrentamientos entre fuerzas partidarias de Musharraf y con­trarias a éste.

 

La actual ofensiva militar contra grupos talibanes paquistaníes se inició el pasado mes de abril en el valle de Swat, antecedida por una inquietante aproximación a las puertas de Punjab, la provincia más rica del país.


Al concluir el verano, se abrió un nuevo frente en Waziristán del Sur, área tribal con mayor presencia de talibanes autóctonos. Hoy se insiste en que dicha campaña evoluciona favorablemente, aunque también se reconoce que los talibanes han logrado crear lo que algunos analistas han bautizado como un «Segundo Frente».


Este frente abarca todas las ciudades del país que desde octubre hasta la fecha vienen siendo objetivo de ataques terroristas recurrentes, generalmente suicidas, incluyendo sus capitales cultural (Lahore) y política (Islamabad) y Peshawar, especialmente castigada desde hace semanas por atentados casi diarios, facilitados por su cercanía a las áreas tribales.


El ejército debe atender demasiados frentes; hay sublevaciones en las áreas tribales de administración federal (FATA), en el norte y el sur del Waziristán y en el Malakand, instigadas por la organización yihadista Tehrik-e-Taliban Pakistan, ayudada, financiada y protegida por los ocupantes de Afganistán; la North-West Frontier Province sufre desestabilización; el ejército está empantanado mientras trata de controlar sublevaciones y de mantener el orden público.

En su artículo “Drawn and Quartered”, publicado en el New York Times, Selig Harrison (del Center of International Policy) prevé que Pakistán quedará dividido en tres entidades soberanas, separadas por fronteras étnicas:


el Pashtunistán (con pashtunes de la North-West Frontier Province y Afganistán);

el Baluchistán Libre (una federación entre la provincia de Sindh y el Baluchistán) y

Pakistán (con la inclusión del resto del Estado punjabí, que posee armamento nuclear).


Si esto fuese así, dividir Pakistán en tres trozos alegando diferencias "étnicas" creo que sería un gran error, porque cuando se marchen las fuerzas de la OTAN van a dejar tras de sí un país dividido que, según nos cuenta la Historia innumerables veces, no conduce más que a la guerra civil.

Si este es el objetivo real tras las bambalinas seguro que va a tener éxito: desestabilizar un pais con fuerza nuclear (aunque no mucha comparada con sus vecinos) y que se lleva muy mal con India... el futuro de Pakistán no pinta nada bien.

Fuentes:

New York Times

BBC Mundo

Diario El País

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