Patriarcas del sudeste asiático

Publicado en por Emma Rodriguez

Aunque hoy se utilice el término "mafia" par designar grupos que practican el crimen organizado, en sus orígenes, que se remontan a la edad media, los grupos mafiosos protegían los bienes de los nobles absentistas, convirtiéndose en los "protectores" de una nueva clase social emergente.
Fué en el siglo XIX cuando se transformó en una red de clanes familiares que dominaban la vida rural de una Sicilia sin estado.


"Las fronteras condicionan sobremanera las políticas de los Gobiernos, pero son irrelevantes para el crimen organizado trasnacional", señaló el responsable de la ONUDD para Asia Oriental y Pacífico, Gary Lewis.

Ex dictadores, traficantes de droga y antiguos lacayos de las mafias chinas son hoy los patriarcas de algunas de las familias más ricas del sudeste asiático.

Algunos de ellos tienen incluso órdenes de detención en vigor en el extranjero por tráfico de drogas o asociación con criminales, pero en sus propios países campan a sus anchas.

Uno de los caciques locales más conocidos de Tailandia es el sanguinario Somchai Kunplome, conocido como Kankan Poh, a quien los tribunales acusan de haberse hecho multimillonario mediante la compraventa fraudulenta de terrenos y el contrabando. En 2004 fue condenado a 25 años de prisión por haber ordenado el asesinato de un rival político, pero hace dos años se esfumó sin dejar rastro. Actualmente se dice que vive oculto en algún lugar de su feudo, en la provincia de Chomburi. Dos hijos suyos han llegado a ser ministros en Tailandia.


Indonesia lleva una década luchando por recuperarse del legado de malversación de fondos del régimen del general Suharto, fallecido en 2008 y cuya familia sustrajo 35.000 millones de dólares de las arcas del Estado a lo largo de 31 años, según los fiscales que llevan una década investigándoles. Suharto encabezó durante décadas las listas de dirigentes más corruptos del mundo y murió sin haberse sentado en el banquillo de los acusados por cualquiera de las decenas de procesos judiciales abiertos contra él.


Filipinas tiene la mitad de su economía controlada por una oligarquía tradicional formada por unas 20 familias de origen chino o español, que se enriquecieron bajo los paraguas de la elite colonial y la dictadura de Ferdinand Marcos. Uno de sus socios más notables fue Lucio Tan, magnate del ron y el tabaco. Con un patrimonio reconocido de 1.500 millones de dólares, aunque el Ejecutivo filipino le reclama varios miles de millones de empresas que su mentor le entregó supuestamente como testaferro.

Tampoco escapan a la sospecha los regímenes comunistas de Laos y Vietnam. En ambos países las mayores fortunas pertenecen a altos funcionarios del partido y hombres de negocios asociados a ellos, aunque la férrea censura impide que salgan a la luz casos de enriquecimiento ilícito masivo.


China cuenta con un millón de sociedades secretas, de las que 4.200 son de naturaleza criminal y más de sesenta operan más allá de sus fronteras.

Los grupos delictivos camboyanos centran sus actividades en el narcotráfico y la trata de blancas con la vecina Tailandia, que también provee su mercado negro de heroína y meta-anfetaminas introducidas por la guerrilla del Ejército Wa desde Birmania.


La criminalidad organizada en Malasia está dominada por la piratería en el estrecho de Malacca, aunque el tráfico de mujeres y drogas va ganando terreno.

Unos 249 grupos organizados operan en Filipinas, muchos de los cuales se dedican a la trata de blancas, pues más de 100.000 mujeres salen del archipiélago al año para ejercer la prostitución en el extranjero.


Unos 80.000 miembros del yakuza o crimen organizado japonés generan unos ingresos anuales de 50.000 millones de dólares; mientras que la Policía surcoreana detuvo a entre 2.000 y 3.500 mafiosos entre 1999 y 2005. El informe asegura que existen 370 organizaciones criminales en Nueva Zelanda y que el Gobierno de Australia gasta 10.000 millones de dólares anuales para combatir a sus grupos delictivos.


El profesor de la Universidad de Queensland (Australia) y autor del informe, Andreas Schloenhardt, asegura que la mejor respuesta ante el fenómeno es la adhesión e implementación de la Convención de Palermo, que busca "penalizar la mera asociación con un grupo criminal".


Aunque la norma ha sido ratificada por 147 países, por el momento sólo Estados Unidos, Australia, Singapur, Malasia, Brunei, Canada, Nueva Zelanda, China y Filipinas han estipulado penas concretas para los miembros de organizaciones criminales.


Indonesia, Camboya, Tailandia, Laos, Vietnam y otras naciones del Pacífico no cuentan con legislación al respecto.


Fuentes:

Diario El País.

BBC Mundo

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