Plomos del Sacramonte, un ingenio para evitar la expulsión

Publicado en por Pepola

arco_sacromonte_estrella.jpgEs difícil imaginar una falsificación histórica mejor meditada y planificada que ésta y, además, con un noble objetivo: hermanar dos religiones -la cristiana y la musulmana- y poder escapar de la persecución... esta es la historia de los plomos del Sacromonte (o también llamados, libros púmbleos).

 

Todo comenzó el 18 de marzo de 1588, fiesta de San Gabriel -protector de los musulmanes- cuando se produjo el primer hallazgo. La catedral de Granada se estaba construyendo y hubo que derribar el minarete de la antigua mezquita aljama, conocido como Torre Turpiana.

 

Al derribarlo, los obreros moriscos encontraron una caja de plomo, no muy grande. ¿Qué contenía? Un hueso, un lienzo triangular y un pergamino escrito en árabe, castellano y latín.

Se trataba de un trozo del paño con el que la Virgen secó sus lágrimas en la pasión, una profecía de San Juan sobre el fin del mundo en la que se anunciaba la llegada de Mahoma y de Lutero. Como haríamos hoy, se convocó una junta de expertos, que declaró que los hallazgos eran auténticos.

Pasaron siete años y, en febrero de 1595, unos buscadores de tesoros descubrieron en la colina de Valparaíso huesos, cenizas y láminas de plomo escritas en un latín muy extraño. En las láminas se narraban historias de mártires de la época de Nerón y se afirmaba de algunos que eran discípulos de Santiago. Pero lo sorprendente del caso es que alguno de estos mártires era de origen árabe antes de su conversión.

 

plomos.jpgHasta 1599 siguieron apareciendo láminas de plomo, las últimas de forma circular. Son los más que famosos ‘libros plúmbeos del Sacromonte’, en los que se mezclaban figuras geométricas, latín y textos árabes con las grafías modificadas. Los textos se referían a Santiago, San Pedro, Jesús y la Virgen. Eran veintiuno, de los cuales dos que no se pudieron descifrar. A éstos siguieron los hallazgos de otros dos en 1596 y de ocho en 1597, dos más en 1599. La repercusión fue extraordinaria en el mundo intelectual de la época.

 

La autenticidad de los plomos no se sostenía en ninguna de sus afirmaciones. Los anacronismos eran tan evidentes como burdos. Una muestra: los falsificadores fueron audaces porque ponían los plomos al mismo nivel que los Evangelios -de hecho se le llamó el quinto evangelio-.

Serían revelaciones de la Virgen y de Santiago que las dictaron a San Cecilio y San Tesifón, hermanos de raza árabe, discípulos del apóstol. La Virgen afirmaba que los árabes eran muy queridos por Dios; al mismo tiempo, se defiende a la Inmaculada Concepción y se afirma que Santiago celebró su primera misa en España, precisamente en Granada; además, se ofrecían complicados argumentos teológicos para buscar una síntesis entre el Islam y el cristianismo. Felipe II pidió un trozo de la supuesta toca de la Virgen para su inmensa colección de reliquias de El Escorial.

El intento de los falsificadores fracasó y, por otra parte, los cristianos no tuvieron ningún espíritu de concordia con los moriscos. El arzobispo Pedro de Castro, los reyes Felipe II y Felipe III fueron defensores de la autenticidad, hasta que, por fin, intervino Roma y declaró auténticas las reliquias y falsos los libros que, según las conclusiones, contenían herejías muy graves y estaban hechos para dañar a la religión verdadera.

 

¿Por qué se hizo esta enorme falsificación, perfectamente programada hasta en los contenidos? La situación de los moriscos granadinos, que habían sido obligados a convertirse al cristianismo después de la conquista del reino nazarí de Granada, era muy difícil.

En 1570 se había producido la expulsión de los moriscos vencidos que se habían sublevado en Las Alpujarras y la expulsión definitiva se produciría en 1609. Entre estas fechas se produjeron los hallazgos... se trató de un intento desesperado de conciliar lo que era imposible conciliar.


Los libros permanecieron en el Vaticano desde el Siglo XVIII hasta el año 2000, cuando fueron devueltos a Granada.

Se trata, seguramente, del episodio de falsificación histórica más importante de la historia de España.

 

Fuente:

"Los libros plúmbeos del Sacromonte" de Hagerty, M. J.

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