Interpol, la Policía del Crimen

Publicado en por Emma Rodriguez

Es la mayor organización de policía internacional del mundo con 188 países miembros y es la organización internacional más grande, tan sólo por detrás de las Naciones Unidas.

                                                    

Interpol está dirigida por un secretario general, nombrado y elegido por la asamblea general de los 188 países que la componen, cada cinco años, con posibilidad de reelección.

Su presupuesto anual es de 35 millones de dólares, que se divide entre los países miembros.

 

La sede cuenta con cuatro departamentos: el administrativo, el jurídico, el de asuntos criminales y el técnico.

Interpol, cuyas siglas, OIPC, corresponden a Organización Internacional de la Policía del Crimen; tiene su sede en la ciudad francesa de Lyon, a una hora y media de Ginebra.

 

Aproximadamente 550 funcionarios de más de 80 diferentes países trabajan en la Secretaría General de la Interpol, en oficinas regionales y en la oficina de enlace en las Naciones Unidas.


Su trabajo se centra en la seguridad pública, el terrorismo, el crimen organizado, tráfico de drogas, tráfico de armas, tráfico de personas, blanqueo de dinero, pornografía infantil, crímenes económicos y la corrupción.

 

Curiosamente, a pesar de que Interpol ya forma parte del léxico cotidiano de las noticias televisivas o de las novelas policiales la institución logra mantener una enorme cuota de misterio en su funcionamiento, sus actuaciones y hasta en sus integrantes.

 

En 1923, la idea de que las diferentes policías del mundo cooperaran para capturar delincuentes comunes que delinquieran en más de un país, o que se refugiaran más allá de las fronteras donde cometieron la fechoría, motivó la creación de Interpol en Viena. Sin embargo, algunos investigadores se han puesto a buscar -en lo que queda de archivos- la otra historia, esa escrita en letra pequeña, la que casi nadie se atreve a recordar.

 

Según el periodista Laurent Greilsamer fueron los gitanos nómadas, estigmatizados como delincuentes, una de las mayores preocupaciones de las policías europeas de los años 30. Interpol creó fichas donde se censaba a los miembros de ese pueblo, incluso en contravención a los propios estatutos de la organización, los cuales prohíben la persecución de cualquier persona por motivos políticos, religiosos o raciales. No fue un azar que la Alemania nazi se interesara en esos expedientes y que la sede de Interpol fuera traslada a Berlín desde 1939.

 

Las circunstancias que condujeron a los países europeos a la Segunda Guerra Mundial influyeron en forma decisiva en el futuro de Interpol. Cuando las tropas de Hitler ocuparon Austria, en marzo de 1938, el presidente de Interpol, cuya sede entonces estaba en Viena, fué obligado a renunciar. En su reemplazo, los jerarcas nazis, conscientes de la importancia de los archivos y del sistema de comunicaciones de la organización policial, nombran a un funcionario complaciente con el régimen, Otto Steinhausl.

 

Dos años después, asumiría el control de Interpol el general de las fuerzas SS Reinhard Heydrich. Al mismo tiempo, la Sociedad de Naciones congela su colaboración con la institución y los representantes de Francia y Suiza intentan trasladar la sede internacional de Viena a Lausana. Pero ya es demasiado tarde. La asamblea general de la organización, reunida en Bucarest, Rumania, resuelve por mayoría que el próximo cónclave tendrá lugar en Berlín. Y allí será transferida la sede hasta el fin de la guerra.

 

Las actividades de Interpol, como la lucha contra el narcotráfico y el terrorismo, pueden ser la fachada para otro tipo de móviles. Y es que, si bien la organización defiende su imparcialidad por el hecho de ser financiada por los países miembros. A mediados de los años 70 el Congreso de EE.UU. aprobó un importante aporte a la organización por medio de la Agencia para el Desarrollo Internacional -USAID –.

Sin embargo, un informe del General Accounting Office revelaría que esa donación (de 135 mil dólares) tenía un fin preciso: servir de forma encubierta las actividades de la CIA en regiones claves para los intereses de ese país, como lo son América Latina y el sudeste asiático.

A los miembros europeos de Interpol este aporte no pareció gustarles del todo, pues consideraron que inclinaría la balanza del lado norteamericano.


¿Es consecuencia de ello que hoy Europa prefiera contar con su propio sistema de policía, Europol, antes que pasar por Interpol?

 

De hecho, la transformación de Interpol comenzó, lentamente, durante los años setenta, cuando emergen los grupos terroristas palestinos, armenios y europeos.

Así fue como, a partir de 1975, Interpol comenzó a tratar los dossiers del terrorismo, como las Brigadas Rojas y la Banda de Baader.


Otro hecho del que se habla poco es la colaboración entre Interpol y las organizaciones de las Naciones Unidas: por ejemplo, con Unicef en el caso de grupos de paidófilos internacionales y, ahora, con el Tribunal Internacional de La Haya, en su búsqueda de criminales de guerra.

 

¿Cuáles son, entonces, las intervenciones de Interpol en los delitos internacionales no ligados al crimen organizado?

El área es enorme, e incluye tanto los crímenes contra el patrimonio (tráfico de bienes o de obras de arte) como la criminalidad económica y financiera (fraudes bancarios y comerciales, tráfico de materiales radiactivos y crímenes contra el medio ambiente), así como el tráfico de estupefacientes. Siempre y cuando los servicios policiales y las autoridades judiciales de un país miembro lo soliciten.

 

El tema es grave: Interpol evalúa en 500.000 millones de dólares los daños causados por la criminalidad económica en 1997, sólo en Europa occidental.

 

Fuentes:

‘Interpol, la sede de la sospecha’ de Laurent Greilsamer, subdirector del diario francés Le Monde.
la Nacion.com

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