El siglo de Hierro del Papado

Publicado en por Pepola

vaticanoEn la Edad Media el poder del Papado era inmenso... tanto que se habló de una Teocracia Pontificia.

 

Entre los años 882 y 1046 se sucedieron más de 40 papas y antipapas, período conocido como “Siglo de Hierro”... de esta época destancan la historia de la papisa Juana y el desafortunado juico del papa Formoso (el Sínodo del Cadaver).


La mayor parte de asesinatos de Papas corresponde precisamente a esta época.


El papa san Nicolás I arrojó la primera semilla de lo que más tarde se llamaría la teocracia del poder, es decir, la idea de que ninguna potestad terrenal era superior al poder de la Iglesia. Él mismo se portó como un monarca espiritual absoluto e incuestionable, dictando leyes y condiciones a obispos y emperadores.


Este periodo se caracteriza por el dominio absoluto que una saga familiar -entre dos familias romanas, la de los Teodora y la de los Marozia -, ejerce sobre los asuntos políticos y eclesiásticos en Roma... algunas de las mujeres de esta saga, de turbia moralidad (de ahí la denominación 'pornocracia romana'), pondrán a la cabeza de la Iglesia de Roma a sus propios hijos o favoritos.

Marozia fue hija de Teodora, amante de Papa (Juan X),  fué amante de Papa (Sergio III) y madre de Papa (Juan XI).

La Querella de las Investiduras


Consistió en el enfrentamiento entre papas y reyes entre el 1073 y el 1122.

Fue desencadenado por el Papa Gregorio VII y el Emperador del Sacro Impero Romano Germánico, Enrique IV, en donde ambos se disputaron la supremacía del poder.


En el año 1075, el recientemente nombrado Papa, el monje Hildebrando devenido en Gregorio VII, emite un Dictatus Papae de características rígidas en el que, a través de 27 puntos, expone el papel que debe regir la iglesia respecto al poder temporal.
En éste determina la absoluta supremacía del Papa, ubicándose por encima de los clérigos, obispos, fieles e iglesia, ya sean éstas locales o nacionales. Su autoridad está por encima de la de los concilios. Sólo el Papa tiene el poder de nombrar obispos, como así también emperadores y príncipes, quienes le deben sometimiento. Asimismo, expone la infalibilidad de la Iglesia, esto es, “la iglesia no erró ni errará jamás”.

 

La querella se expresó en el deseo de obtener la autoridad imperial por encima de los reyes, hecho que molestó al emperador Enrique IV quien no estaba dispuesto a ceder su poder, actitud que demostró al no modificar en nada sus prácticas frecuentes: siguió nombrando obispos en Alemania, más aún, nombró arzobispos en Milán, territorio que había rechazado las nuevas directivas papales.


La respuesta por parte de Gregorio VII fue al comienzo, un llamado de atención hacia la desobediencia. Por su parte, el Emperador convocó a un conjunto de obispos en Worms en 1076 quienes lo apoyaron, negándose a reconocer las nuevas directrices... el resultado fue la excomunión del Emperador y de quienes lo acompañaban, destituyéndolo de la corona imperial quien, ante la posibilidad de perder el favor de sus súbditos como así también la bendición de la fe, pidió perdón al Papa, evento que se conoce como el “Paseo de Canossa”, en virtud al viaje que hace Enrique IV al castillo de Canossa en donde se encontraba Gregorio VII.


La querella se reaviva cuando, al regresar el emperador a Alemania, se encuentra con que un grupo de partidarios de su cuñado Roberto de Suabia, lo habían promulgado emperador. La reacción de Enrique fue, nuevamente, convocar un grupo de prelados en Brixten, desposeyendo a Gregorio VII y nombrando en su lugar al antipapa, Clemente III.


El papa, en tales circunstancias, confirmó a Roberto de Suabia y pidió ayuda al normando Roberto Guiscardo, quien se lanzó contra Roma. El resultado fue un conflicto sangriento con intervención popular en el que perecieron civiles.

 

Fuentes:

 

laguia2000.com

citashistoricas.com

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