El control de precios

Publicado en por Pepola

control.jpgLas protestas y revoluciones en todo el mundo están en las portadas de todos los medios de comunicación. El norte de África, Asia, además de la preocupación latente de que pueda extenderse a más paÍses.

Esta serie de revoluciones no debería pillar por sorpresa a nadie y no es coincidencia que suceda justo cuando el precio de la comida está empezando a dispararse, siendo los países más pobres y los emergentes los que, de momento, más lo están notando...

 

Y tampoco debería extrañar a nadie que una de las medidas que han empezado a tomar los gobiernos de medio mundo sea el control los precios, especialmente en la comida y el resto de materias primas. Los políticos saben por experiencia que los precios cambian elecciones. Hasta el partido único en China está en alerta por las revueltas sociales que pudiera causar este fenómeno.

 

Así, por ejemplo, vemos cómo China ya  ha empezado a imponer control de precios en la comida, enviando a la cárcel a aquellos comerciantes que se negaban a obedecer; el Gobierno de India, un país con una larga historia en este tipo de intervenciones, ha recrudecido sus esfuerzos para que se obedezcan las leyes, en un momento en el que los precios de la comida han llegado a subir cerca de un 20% en un año; Rusia también ha impuesto controles de precios, a la vez que ha prohibido la exportación de ciertos productos agrícolas. El IPC ruso se acerca al 10%, de nuevo con la comida y la energía de protagonistas; varios países africanos y sudamericanos también han prohibido recientemente la exportación de ciertas materias primas.

 

El denominador común en todos estos casos consiste en culpabilizar a los "especuladores" del alza de precios, al tiempo que los políticos alegan que esos "controles" ayudarán a los más necesitados. Sin embargo, los gobiernos nunca explican claramente la razón de estas subidas de precios.

En Occidente todo esto podría sonar a problemas típicos de los países no desarrollados, pero los últimos datos de inflación darán que pensar a más de uno. En España, el IPC oficial que elabora el Gobierno subió un 3,3% interanual el pasado enero, siendo la comida y la energía los productos que más contribuyeron de largo a este incremento.

 

Entender por qué los controles de precios no funcionan es bastante sencillo, gracias a la fundamental ley de la oferta y la demanda.

 

El mercado, el conjunto de intercambios voluntarios, coordina la producción a través del sistema de precios. Esta coordinación se produce porque los artículos más demandados ven cómo su precio sube, y todo lo contrario para los menos demandados.

 

Un precio más alto sirve de incentivo a los productores para producir más y, en cambio, un precio más bajo les incentiva a producir menos y dedicar recursos a otra producción más demandada por la gente. De esta manera, los precios logran coordinar los gustos y necesidades de la gente (demanda) con la capacidad de producción (oferta) existente en cada momento. Ésta es la razón por la que el supermercado de al lado de su casa está siempre abastecido con los productos que nos gusta comprar.

 

El problema viene cuando estos precios se distorsionan mediante controles gubernamentales. Cuando se mantienen artificialmente bajos, los productores dejan de recibir la señal, el aumento de precio, que marca la demanda de la gente por ese producto y no reaccionan aumentando la producción para satisfacer esa demanda.

Por su parte, el precio más bajo anima a realizar un mayor consumo.

 

Menos producción y más consumo tan sólo acaba produciendo mayor escasez y, en última instancia, desabastecimiento. En casos extremos, este tipo de controles hace que los productores dejen de fabricar o vender su producto, ya que su venta a un precio inferior al real (al del mercado) le supone entrar en pérdidas, tal y como sucedió en el caso de los granjeros estadounidenses.

Actualmente, las futuras subidas de precios parecen inevitables. A pesar de sus promesas, los bancos centrales del mundo todavía no han dado marcha atrás a sus programas excepcionales de inyección monetaria al sistema bancario, al tiempo que siguen monetizando deuda pública.

 

La desinflación sufrida desde 2008 ha podido dar la impresión de que todos estos rescates salían gratis. Sin embargo, toda acción tiene su consecuencia, y ahora parece que llega el momento de pagar la factura: precios más altos, principalmente en los bienes de primera necesidad. Ahora, el gran riesgo radica en que los gobiernos opten, sobre todo en medio de un ambiente de protestas sociales, por aplicar parches para controlar unos precios en auge en lugar de combatir la raíz del problema.

 

Fuente:

libertaddigital.com

Etiquetado en Economía

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