Corrupción, cuando el dinero llama al dinero

Publicado en por Emma Rodriguez

Mucho se habla de la corrupción pero realmente nadie explica hasta dónde alcanza esto exactamente. Por la tele sabemos que tiene mucho que ver con el pago de sobornos o favores, pero ¿es esto asi?

Como sabemos, muchos actores del sector empresarial disponen de un poder del que pueden abusar fácilmente en beneficio propio y en perjuicio de los demás sectores de la sociedad.

La magnitud y el alcance del soborno en las empresas es sorprendente. Casi dos de cada cinco ejecutivos de empresas encuestados afirmaron que se les había solicitado pagar sobornos al realizar gestiones con instituciones públicas.

El desafío que representa la corrupción es mucho más amplio, complejo y delicado que el

pago de sobornos. Estas complejas redes, que involucran mucho más que simples sobornos,

son posibles gracias a que las compañías creen que pueden participar en este tipo de prácticas

delictivas sin sufrir consecuencias.


Se estima que tan sólo en los países en vías de desarrollo y en transición, los políticos y funcionarios gubernamentales corruptos reciben sobornos por un total de entre 20.000 y 40.000 millones de dólares al año, lo que equivale a aproximadamente entre el 20% y el 40% de la ayuda oficial para el desarrollo.

Este costo no sólo hay que medirlo en términos monetarios. Cuando la corrupción permite que compañías irresponsables eludan la ley, esto ocasiona desde escasez de agua en España, condiciones laborales indignas en China o deforestación ilegal en Indonesia, hasta medicamentos poco seguros en Nigeria. Incluso los pagos de facilitación —aquellos que sirven para “agilizar trámites”— son perniciosos porque se inmiscuyen en el sistema y contribuyen a alimentar y mantener a las burocracias, los partidos políticos y los gobiernos corruptos.


En la economía

La corrupción en el mercado frustra la competencia leal, los precios justos y la eficiencia
en todo el mundo.
Los carteles de precios y otras estrategias de colusión pueden tener consecuencias nefastas
para los consumidores, los mercados y la economía mundial.

Los más de 283 carteles privados internacionales que se hicieron públicos entre 1990 y 2005 causaron pérdidas económicas directas a los consumidores de cerca de 500.000 millones de dólares por causa de los sobreprecios.

En 1997, en tan sólo un año, los países en desarrollo importaron bienes por valor de 54.700 millones de dólares de un grupo de 19 industrias que participaron en estrategias ilícitas de fijación de precios.

Otro de los problemas es el modo en que el fuerte poder económico de algunas compañías y sectores comerciales les otorga una influencia desproporcionada e indebida sobre el proceso de adopción de decisiones políticas.

La falta de regulación de este tipo de influencia fomenta el surgimiento de sistemas cleptocráticos (esto es, de ladrones) y paraliza el crecimiento.

Las iniciativas de lobby a menudo carecen de transparencia y no se encuadran en el sistema
de controles y contrapesos del que dependen las compañías para sus decisiones estratégicas.

Por ejemplo, durante 2008, alrededor de un tercio de las compañías incluidas en el índice
Standard & Poor´s 100 exigieron que la Junta Directiva controlara los gastos con fines políticos.
El traspaso entre el sector público y el privado (puertas giratorias o revolving doors), facilita los procesos de contratación pública fraudulentos, en los que la oferta no competitiva y la falta de transparencia generan enormes derroches y bienes y servicios poco confiables.

Combatir con éxito la corrupción debe significar buenos resultados económicos.

Es hora de que las compañías se enfrenten a la posibilidad de pagar multas millonarias y de perder la confianza de sus clientes y accionistas.

El sector privado tiene un rol crucial en prevenir estas consecuencias, actuando de manera transparente y responsable cada vez que realiza operaciones con fines de lucro.

Fuente:
Transparency Internacional España. Informe 2009.

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