Siguiendo la basura espacial

Publicado en por Emma Rodriguez

Después de más de 40 años en la era espacial, la conquista del espacio ha supuesto muchos beneficios para la humanidad, especialmente en el campo de la ciencia, las telecomunicaciones, la navegación... No obstante, también se ha generado un gran número de residuos.

La mayoría de estos desechos se vaporizarían en la atmósfera si cayesen hacia la Tierra, de modo que en este sentido no suelen suponer un peligro directo; aunque ya ha habido casos de chatarra espacial lo suficientemente grande como para no quemarse por completo en la atmósfera y golpear la superficie.


Alrededor de la tierra giran cerca de 8000 satélites en funcionamiento, según la NASA. Los desechos espaciales comprenden la cada vez mayor cantidad de material inactivo (hardware) en órbita alrededor de la Tierra, así como fragmentos de naves que se rompieron o abandonaron.

A velocidades orbitales, aún los pequeños fragmentos de deshechos espaciales pueden causar serios daños a las naves.


Tanto los estadounidenses como los rusos cuentan con redes de estaciones de rastreo para seguir a estos objetos.

El ejército estadounidense opera 25 centros en todo el mundo involucrados en la vigilancia espacial.

 

La habilidad para monitorear basura espacial, satélites, objetos cercanos a la tierra y actividad solar se conoce como Conciencia Situacional Espacial y muchos expertos lo consideran un paso más hacia el control del tráfico espacial.


EEUU tiene fichados en la actualidad más de 9.000 objetos artificiales, con un peso total que supera las cinco toneladas. No obstante, se estima en más de 50.000 el número de objetos mayores de un centímetro.

La mayor parte de estos aparatos están en ruina y constituyen un gran riesgo para las misiones espaciales.
La basura espacial viaja a través del espacio a 29.000 km/h. Un pedazo de papel viajando a esa velocidad puede perforar el traje de un astronauta.

La basura espacial es muy difícil de tratar directamente, debido a las altas velocidades en sus órbitas y el pequeño tamaño de la mayoría de la metralla basura. Eso haría la recuperación y la disposición extremadamente difícil e improbable.


80% de todos los objetos catalogados están en una órbita baja terrestre (LEO), que se extiende hasta 2000 km sobre la superficie del planeta y cerca de 40% de desechos rastreables proviene de explosiones, unas 4 por año.

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