Cuestiones ante las urnas

Publicado en por Emma Rodriguez

Los vientos electorales aqui, en Alemania, están bastante tranquilos, menos por la noche que se ven algunos grupos de chavales turcos pintándole bigotes y cicatrices en la cara a la señora Merkel, o el típico cambio de pancartas de la oposición para poner las propias.


No es que a los españoles nos interese demasiado las elecciones alemanas pero hay que reconocer que Alemania (junto con Francia) tiene mucho peso específico en Europa... y eso nos afecta a todos.


Todo apunta a que la dama del norte ganará de nuevo las elecciones el dia 27. Con su lema "Tenemos el poder (la fuerza)", parece que el partido de la democracia cristiana volverá a gobernar. Y por tanto, se augura un continuismo, esto es más de lo mismo en politica interior y exterior.


En los diarios alemanes se ya habla de coaliciones, y aqui si que hay un encendido debate. Quien si, quien no, porque no, etc.


El centro derecha alemán, el Partido Liberal (FDP) está un poco cabreado y dijo tajantemente que nada de alianzas con los Socialdemócratas o los Verdes. Sólo quieren pactar con la señora Merkel. Su lema de campaña es:"Alemania puede hacerlo mejor"


La izquierda alemana es mucho más contundente que la española. No me imagino a Izquierda Unida haciendo el tipo de campaña que se lleva a cabo aquí.

No hay ningún candidato sonriente en sus carteles y tienen bastante texto. Son claros y directos. Uno de ellos es:


"Fuera de Afganistán!
El ejército federal no debe participar en las guerras. Nuestro país necesita para crear la paz, el desarme, y que se plantee constantemente el desarrollo."

 

Muchos son los autores que han estudiado cómo funcionan los procesos electorales.

Con el fin de averiguar el funcionamiento del sistema político, Anthony Downs aplicó un modelo de análisis verdaderamente insólito, jamás ideado para el estudio de los comicios.


Se trataba de concebir la acción del elector en términos efectivamente económicos, como si de un consumidor se tratara y como si el espacio electoral tuviera una analogía obvia con el del mercado: así, los partidos políticos ofrecerían distintas mercancías, las promesas contenidas en su programas, y los ciudadanos se inclinarían por uno u otro producto en función de su información y en virtud de sus preferencias.

La conclusión a la que el autor llegaba era verdaderamente paradójica:


No todos los votos valen lo mismo.

El uso de la ideología para movilizar el voto.


La primera afirmación puede llamar la atención, uno de los grandes avances del siglo XX, la paridad en el voto, y este hombre nos dice que no todos los votos valen lo mismo.

Sin embargo, es así.

Nominalmente mi voto vale lo mismo que el de cualquiera, pero potencialmente mi voto puede valer o muy poco o mucho.

 

La aplicación práctica es muy sencilla y visible. Pongamos que yo sé que “El canto del loco”, por decir un grupo cualquiera, tiene un gran número de fans que son influenciables por el mencionado grupo: intentan vestir como ellos, cantar como ellos, leen sus entrevistas, sus formas de pensar...


Me resulta mucho más fácil intentar conseguir que “El canto del loco” me vote que perseguir a miles de jovenes que si bien son influenciables por “El canto del loco” no lo son por mi.


Esto es una explicación de muchísimas facetas del comportamiento político, por ejemplo, por qué cuando llega una campaña los políticos se desviven para que los artistas y deportistas aparezcan junto a ellos o por qué determinados sectores de la población son totalmente olvidados por los políticos tanto en la campaña como en sus propuestas electorales: no sólo no le van a captar votos sino que incluso pueden restarles.


Como podéis ver no todos los votos valen lo mismo, tu voto vale menos que el de Iniesta, Pau Gasol o Melendi.

 

Los ciudadanos, por regla general, ni siquiera conocen el programa electoral del partido al que votan (de conocer el programa de la alternativa ni hablamos), de hecho diría que ni siquiera conocen 5 propuestas concretas del programa de su partido.

Esto podría producir cierto desconcierto en el político que se podría plantear ¿qué explico yo si nadie va a hacer caso a mis propuestas?

 

La realidad ordinaria de sistema electoral prueba aquí y allá que los electores solemos ser perezosos, que tomamos dichas decisiones con escasísimos datos, que no solemos hacer el esfuerzo de averiguar qué dicen exactamente los programas y que evitamos el escrutinio minucioso de esos manifiestos.

¿Por qué razón?


Porque el incentivo para informarse bien es prácticamente inexistente. Para empezar, los partidos suelen incumplir numerosos detalles de sus programas, por lo que averiguar cuáles sean esas promesas es tarea inerte.

 

"En consecuencia", concluía Downs, "es racional, desde el punto de vista de cada individuo, el minimizar su inversión en información política, a pesar de que la mayoría de los ciudadanos podrían beneficiarse sustancialmente si todo el electorado estuviese bien informado".


Para solucionar este dilema del político existen las ideologías.

Una ideología "es el conjunto de ideas sobre el sistema existente (económico, social, político...)"


Los políticos todos los días dan gracias de la existencia de las ideologías porque les ahorran el trabajo de tener que explicar seriamente qué es lo que proponen, basta con que intenten identificarse con una ideología e intentar atraer al máximo número de personas a la misma.


Las ideologías tienen sus propias características comunes como que un partido no puede seguir, en principio, dos ideologías diferentes y que la ideología ganadora tiende a ser imitada por el resto de ideologías. El peligro en este último caso es que te alejes hasta tal punto de tu ideología originaria que pierdas seguidores.

 

La ideología le sirve al político para no tener que dar grandes explicaciones.

Da igual lo que haga el propio partido, es su partido y siempre le votará. Los partidos políticos lo saben y, por ello, tratan de crear una gran seña de identidad, el sentimiento de grupo ya que saben que así están fidelizando a sus votantes.

 

Bibliografía:

"Teoría económica de la democracia" de Anthony Downs.

Etiquetado en Psicología

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jose 09/23/2009 10:49


Me parece que no soy solo el que voto sin conocer el programa electoral de los distintos partidos politicos, estoy de acuerdo con el articulo . pero tambien abria que tener en cuenta el marketin
politico y la importancia del candidato que con su carisma imfluye en los votantes.