Electromagnetismo: la contaminación invisible

Publicado en por Emma Rodriguez


Estamos sometidos diariamente a muchos tipos de radiaciones tanto naturales como artificiales. Todos los aparatos eléctricos o electrónicos producen radiaciones electromagnéticas de algún nivel.

El hecho de que podamos escuchar la radio, ver la televisión o hablar por un móvil dentro de una casa nos indica que estas radiaciones de baja frecuencia atraviesan las paredes.

Para impedir el paso de todas estas radiaciones sería necesario construir un grueso blindaje que, aún así, no evitaría la existencia de otros campos magnéticos, como los producidos por los hilos de la corriente eléctrica.


En conjunto, la corriente eléctrica y los electrodomésticos de casa generan un campo electromagnético de 50 Hz cuya intensidad se mantiene muy por debajo de los límites considerados seguros. También generan campos adicionales las pantallas de televisión y monitores de ordenador, teléfonos inalámbricos y móviles.


Procedentes del exterior nos llegan todas las emisiones de radio, televisión y telefonía móvil. También de las antenas de urgencias médicas, bomberos, policía y protección civil; los sistemas de radar y los de comunicación vía satélite.

En general, las paredes de una casa atenúan entre 3 y 20 veces la intensidad de los campos procedentes del exterior.

 

Las autoridades de Suiza y algunas regiones italianas han rebajado notablemente los límites de exposición recomendados por los principales organismos internacionales. Pretenden "mantener las emisiones tan bajas como resulte técnicamente posible y económicamente sostenible".
En la práctica, estas restricciones no se aplican a teléfonos móviles, electrodomésticos o equipos médicos.
Las asociaciones de expertos y organismos internacionales competentes en la materia han criticado unas medidas en las que priman los intereses políticos sobre los científicos.

 

¿Hay muchos tipos de antenas?

 

Hay 40.000 antenas de telefonía (fija y móvil) que salpican España.

En la azotea de un edificio podemos encontrar, aparte de pararrayos y antenas de radio y televisión, antenas de telefonía fija, radioenlaces y antenas de telefonía móvil para los sistemas analógico y digital.


Todas ellas emiten ondas de frecuencia entre 1.000 KHz y 3.000 MHz.

La ley establece que en cualquier lugar, la intensidad del campo generado por el conjunto de estas emisiones no puede superar los límites establecidos como seguros.


Muchas antenas de telefonía móvil tienen forma de panel vertical y cubren un ángulo horizontal de 120 grados, por lo que es habitual verlas en grupos de tres orientadas para cubrir todo el horizonte. En ocasiones hay tres de estos paneles orientados en cada dirección, pero en esta disposición sólo el central actúa como emisor.


¿Sería mejor alejar las antenas de los núcleos de población?


Si se alejasen las estaciones base de telefonía de los núcleos urbanos, las antenas y teléfonos tendrían que emitir con mayor potencia para hacer posible la comunicación. Ello supondría un aumento de la intensidad de la radiación recibida tanto por los usuarios de los teléfonos como por el resto de los ciudadanos.


Los sistemas de telefonía móvil dividen el espacio a cubrir en un esquema de "células", cada una de las cuales está bajo la cobertura de una estación base. Cuanto menor sea el tamaño de la célula, menor será la potencia a la que tienen que emitir tanto el teléfono como la propia antena.


¿Es peligrosa la radiación electromagnética?


El peligro siempre depende del tipo de radiación y de la dosis. Son peligrosas las radiaciones que pueden romper las moléculas del cuerpo. Si eso, por ejemplo, sucediera con nuestro ADN podría ocasionarse un cáncer.


Por ejemplo, un solo fotón de rayos X pueda romper una molécula de ADN, miles y miles de fotones de luz visible no pueden conseguirlo. Para comprenderlo podemos pensar en la cantidad de energía necesaria para lanzar una piedra al otro lado del Atlántico. Aunque miles de personas se coordinasen para lanzar sus piedras, ninguna de ellas alcanzaría la otra orilla del océano.


El segundo factor a tener en cuenta es el de la dosis, que depende de la intensidad de la radiación y del tiempo de exposición a ella. A diario estamos expuestos a fuentes naturales de radiación (incluidas algunas radiaciones ionizantes) en dosis que no son peligrosas para la salud. Las grandes intensidades, desde luego, implican mayor riesgo. Como por ejemplo cuando nos ponemos al sol.


Pero esto no significa que estas radiaciones electromagnéticas sean inocuas. Los estudios experimentales si han podido demostrar que, a intensidades muy superiores a las que se pueden encontrar en el ambiente, las radiofrecuencias tienen efectos térmicos (de calentamiento) que pueden provocar trastornos del comportamiento, aumento de la temperatura corporal, alteraciones en el desarrollo embrionario, abortos, así como cataratas y quemaduras.

Han sido estos resultados los que, precisamente, han permitido fijar los límites de seguridad para la exposición del público a estas emisiones que se emplean en muchos lugares del mundo. También en España. Las restricciones se sitúan 50 veces por debajo del nivel considerado como potencialmente nocivo.

 

¿Y los cables de alta tensión?

 

Los tendidos eléctricos generan campos de 50 Hz, pero la intensidad puede ser grande en las líneas de alta tensión. Al igual que ocurre con todos los campos electromagnéticos, su intensidad decrece con el cuadrado de la distancia. A diez metros del cable la intensidad es diez mil veces menor que a diez centímetros.


¿Qué pasa con los móviles?

Las antenas de telefonía móvil y los propios teléfonos móviles operan en Europa en frecuencias próximas a los 900 MHz y 1800 MHz, frecuencias incluidas en la banda denominada de radiofrecuencias. Algunos aparatos de uso corriente también emiten energía en bandas de frecuencia próximas a las de los móviles, como el horno microondas, y también las estaciones de TV, radio etc. En estas bandas de frecuencia la radiación electromagnética se denomina no ionizante porque no posee la energía suficiente para extraer electrones de los átomos de la materia.

En cambio las radiaciones ionizantes como los rayos X, si que pueden extraer electrones y pueden causar importantes daños en los tejidos vivos. A las frecuencias utilizadas por los teléfonos móviles esta posibilidad es descartable en absoluto, y el efecto biológico más visible de la radiación es el calentamiento de los tejidos.

Cierto es que esta radiación puede provocar perturbaciones biológicas a través de otros mecanismos como ondas sonoras, fuerzas ejercidas sobre membranas celulares etc, pero sólo se producen de un modo perceptible a niveles de exposición muy elevados, mucho más que los establecidos por las normas autorizadas en Europa y España.

Actualmente la única amenaza identificada se reduce a un calentamiento excesivo de los tejidos, y la posibilidad de encontrar este problema en el caso del teléfono móvil es casi nula.

Desde hace varios años se llevan a cabo una cantidad fenomenal de investigaciones sobre la existencia o no de otros efectos biológicos de las radiofrecuencias, aunque sólo una pequeña parte versa sobre los sistemas de impulso modulado con el que trabajan los móviles digitales.

Una ONG con sede en Washington, Enviromental Working Group, ha lanzado una herramienta que permite consultar el nivel de radiaciones electromagnéticas que emiten más de 1.200 modelos de móviles. Tan sólo hay que introducir el modelo por fabricante u operador.
Con esto, la organización no pretende resolver el debate, pero sí ofrecer a los consumidores información relacionada con los potenciales riesgos sobre la salud y el medioambiente.

Los resultados de los estudios que han superado la necesaria crítica científica no muestran una evidencia de que exista relación entre exposición a radiofrecuencias y cáncer, aunque tampoco pueden descartarlo.
Cuando hay una relación fuerte entre un agente y un efecto es fácil de demostrar, como por ejemplo la relación entre cáncer y el tabaco o entre radioactividad y cáncer.


Pero es muy difícil demostrar la existencia de alguna relación débil entre cáncer y exposición a un contaminante medioambiental, como podría ser el caso que nos ocupa de la exposición a las radiofrecuencias, entre otras cosas porque la aparición de una enfermedad no depende de una sola y única causa.

Hasta aquí la explicación ortodoxa según los expertos.

Conclusión

Posiblemente este caso sea muy similar al del tabaco, que durante años se decía que si bien no era inocuo para la salud, tardaron muchos años en publicarse estudios relativos a su relación directa con el cáncer... ya sabemos lo mucho que influyen las compañías en estas cuestiones.

Me pregunto: ¿que pasaría si, mañana por ejemplo, se levantase el velo y se demostrase que las antenas de los móviles son nocivas para la salud?
¿La gente dejaría de hablar por el móvil?
 
Seamos realistas, eso no va a pasar.
Ni van a quitar las antenas ni habría cambios significativos.
¿La gente se mudaría a ciudades más pequeñas o pueblos "huyendo" de las radiaciones?
Lo dudo.

Ese es el precio que pagamos por estar conectados.

El sentido común dice que NO ante la posibilidad de vivir bajo cualquier tipo de antena, aunque hoy en día eso es casi imposible, máximo se vives en una ciudad...
levanta la vista cuando camines por la calle y verás un mar de antenas por todas partes.
Por mi parte procuro apagar todo lo apagable, al menos, cuando voy a dormir.

Etiquetado en Tecnología

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Manuel Ortega Linares 04/04/2010 21:22



Me parece Emma que estás en un error o tienees "intereses creados". El repetidor que está muy cerca de mi casa (Gran Canaria) envía una señal lo suficientemente poente para que
mi hermana que está en la Isla de El Hierro reciba la señal en su móvil. En el Hierro no hay ningún dispositivo receptor, sólo el móvil de mi hermana. Vuelve la horación por pasiva. Pon la antena
en el Hierro (o en un lugar deshabitado) y yo recibiré la señal en mi casa de Gran Canaraia ¿por qué dices que la antena tiene que estar a 50 metros de mi casa? Eso es lo que se hace en países
como Suecia, Noruega etc. Las antenas están a más de 6 km de seres humanos y animales. Les sale más caro a la Empresas, pero no es custión de potencia. Respecto a lo de las radiaciones ionizanes
es un asunto obvio. Y como tú sabes nuestro cerebro funciona con debiles corrienes (electromagnéticas) neuronales que no necesitan brutales frecuencias del ultravioleta en adelante. Las
microondas (incluso las de radio) en cortos paquetes son gravemente peligrosas. Y estas son las que usa la telefonía móvil. Todos enfermaremos para que las compañías de teléfnos se enriquezcan.
Conformarse es de imbéciles. Tan cierto como que las Torres Gemelas fueron demolidas  en el Pentágono no se esrelló avión alguno ¡ cuántas tragaderas tenemos y hasta qué exremos ! ¿Sabes lo
que es el "ojo modular"? Entérate para que te horrorices.



jose antonio 09/13/2009 15:46

Hola,me has dejado desconcertado porque aunque no he acabado de entender muy bien hasta que punto el electromagnetismo es perjudicial para la salud,lo que si me ha llamado la atencion es la comparacion con el tabaco.No logro acordarme de cuando se hizo oficial los efectos perjudicales que el tabaco produce en la salud.Obviamente a mi me pillo ya enganchado al tabaco.En resumen que si tienen escondidos los efectos nocivos del electromagnetismo cuando lo saquen a la luz,nos tocara lo que vulgarmente se dice...a joderse.

Emma Rodriguez 09/13/2009 16:29


Hola, pues verás es que el tema de si es perjudicial para la salud o no aún no hay datos que lo indiquen. He querido reflejar precisamente esa ambigüedad de "si-pero-no" que tienen muchos de estos
estudios. Estoy convencida que cuando aumenten escandalosamente los casos de cáncer y demás no les quedará otro remedio que hacerlos publicos y dejar las cosas claras.
Un saludo