El Crimen Organizado: las multinacionales del delito

Publicado en por Emma Rodriguez

El crimen organizado es una "empresa" jerarquizada que genera múltiples beneficios.

 Sus negocios son de lo más polifacético: el tráfico de drogas, armas, personas, falsificación, prostitución, fraude, tráfico de información, réplicas de obras  de arte, venta internacional de objetos robados...de todo, incluso vertidos de basura ilegales de un país a otro, como el contrabando de basura que se descubrió en 1996 entre EEUU y China.


La mayoría tienen un orden jerárquico siendo las formas de pandillas o mafia las más comunes.

El cáculo de cuanto dinero mueven estas organizaciones varía mucho y no es muy fiable; Naciones Unidas aventuró que mueven entre un 5 y un 25% de PIB mundial.

Más de 500.000 personas viven por y para el crimen, directamente. Indirectamente la cifra es absolutamente desconocida.

La  INTERPOL considera crimen organizado si cumple los cuatro requisitos siguientes:

  1. Que el grupo lo formen más de tres personas.

  2. Que actúen durante largo tiempo.

  3. Que el delito que cometan sea grave.

  4. Que obtenga beneficios, poder o influencia

La economía criminal se vincula con la economía formal a través de complicados sistemas financieros y redes comerciales internacionales, penetrando en el sistema financiero y constituyendo un elemento crítico y volátil en la economía global.


La economía  y la política de muchos países no pueden comprenderse sin considerar la dinámica de las redes criminales y su funcionamiento.

La actividad criminal tiene un poderoso efecto directo sobre las economías nacionales. En algunos casos, el tamaño de su capital se adueña de los países pequeños. En otros casos, como en Colombia, Perú, Bolivia o Nigeria, representan una cantidad lo bastante influyente como para condiconar los procesos macroeconómicos. En otros países como Rusia o Italia, su penetración en empresas e instituciones transforma el entorno económico y político favoreciendo estrategias de inversión a corto plazo.

La repercusión de estas organizaciones en la política de Estado aún es mayor que la económica.
Han encontrado refugios seguros en todo el planeta: pequeños (Aruba), medianos (Colombia), grandes (México) o muy grandes (Rusia). Además, la alta mobilidad y extrema flexibilidad de estas organizaciones les permite eludir las regulaciones nacionales y los rígidos procedimientos de colaboración policial internacional.

Ejemplos de ello es Alemania, que se ha convertido en un importante centro operativo de la Mafia siciliana; Galicia, punto fundamental de distribución de los cárteles colombianos y los Países Bajos que albergan importantes nodos del tráfico de heroína de las Tríadas chinas.


El crimen organizado en España

Informes del Ministerio del Interior vienen advirtiendo en los últimos años de la capacidad de las bandas criminales para penetrar en las capas más sensibles de la sociedad española. En concreto, esos informes alertan de un progresivo incremento de casos de tráfico de influencias que afectan a jueces, políticos y policías.

La Costa del Sol es escenario de una serie de episodios, todavía en proceso de investigación, donde se describen peligrosas relaciones entre delincuentes internacionales, mandos de las fuerzas de seguridad e incluso jueces, sin entrar a considerar la gran cantidad de políticos y concejales implicados en procesos, además de la simple corrupción urbanística.

«No hay una sola banda organizada que se dedique a un solo negocio. Los que hacen chalés o pisos asaltan joyerías, cuando tienen ocasión, o perfumerías, roban los coches que luego utilizan para los atracos, suelen clonar las tarjetas, las que han robado u otras, y la extorsión es otra de sus aficiones», ironiza un responsable policial español.


Un veterano investigador lo resume de este modo: «España ya no es una «sucursal» de los grupos organizados, sino una auténtica oficina central».

El Cuerpo Nacional de Policía detectó en 2006 más de 400 bandas activas de crimen organizado (de alto, medio y bajo nivel, según las clasificaciones de Interpol). Estaban integradas por más de tres personas, tenían actuaciones continuadas en el tiempo y la acción, cometían delitos graves y obtenían beneficios, poder o influencia. La mayoría, además, se basaban en un reparto de funciones y empleaban violencia o intimidación.


Los rusos ocupan desde hace años el séptimo lugar en cuanto a número de miembros y organizaciones en el «ranking» del crimen en España, por detrás de españoles, rumanos, colombianos, marroquíes y franceses, y se hallan en niveles similares a los nigerianos.

«Prefieren sus territorios de origen para delinquir, pero en España se relajan y montan entramados de blanqueo de capitales, auténticas «lavadoras»», según los expertos policiales.

Su colaboración con españoles también es ya un lugar común para la prostitución, el lavado, las extorsiones, la falsificación y el tráfico de hachís y cocaína.


Guadia Civiles y Policías al otro lado de la ley


Conclusiones 

En su lucha contra el crimen organizado, los países democráticos, en defensa propia, recurren a medidas que recortan - y recortarán- las libertades democráticas.


Como el crimen organizado suele usar las redes de inmigrantes para penetrar en las sociedades, la asociación excesiva -y muchas veces injusta- entre inmigración y crimen, despierta sentimientos xenófobos en la opinión pública, socavando la tolerancia en nuestra sociedad, cada vez más multiétnica.


El Estado no sólo está soslayado desde fuera por el crimen organizado, sino también se está desintegrando por dentro. Además de la capacidad de los criminales de sobornar o intimidar a policías, jueces y cargos gubernamentales, hay una penetración más insidiosa: la corrupción de la política democrática.


Las crecientes necesidades económicas de nuestros políticos para financiar sus campañas electrorales crean oportunidades de oro para que  el crimen organizado ofrezca su apoyo... cualquier movimiento en esta dirección perseguirá al político para siempre.


Al estar el proceso democrático dominado por el escándalo, la difamación y la creación de imagen (no hay más que ver cualquier Debate sobre el Estado de la Nación para comprenderlo) es fácil atraer a los politicos al sexo (creo que todos estais pensando en Berlusconni como buen ejemplo reciente), las drogas, el dinero o fabricando cuantas acusaciones sean necesarias... se crea así una red de información y extorsión a cambio del silencio.

 

Los analistas policiales coinciden en que se alcanza el último escalón (y el más peligroso) en el asentamiento de bandas criminales cuando éstas se encuentran en condiciones de penetrar las capas altas de la Administración: la judicatura, la policía y los partidos políticos, tres de los bastiones del Estado de derecho.


Fuentes:
ABC.es
Diario El País
J.Fernández. Investigación Criminal.

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