Think Tank: los Laboratorios de Ideas

Publicado en por Emma Rodriguez


"Una idea oportuna es más fuerte que el paso de poderosos ejércitos"
Victor Hugo


D
esde hace décadas grupos de «sabios» dictan cuáles deben ser las acciones y decisiones de quienes gobiernan.
Trabajan de forma casi anónima.
En silencio y de espaldas a los ciudadanos.
Se agrupan en torno a los think-tank, una red de grupos que son auténticos laboratorios de ideas que después se convierten en realidad.

Es de dónde beben los políticos para fundamentar su acción pública.

En eso se diferencian de los lobbies: en que buscan el "bien común", y no intereses particulares de un grupo de presión con una identidad definida.

Pero, ¿son influyentes de veras los think tanks?

No estamos ante entidades fácilmente encasillables, ni siquiera en lo ideológico. Puede tratarse de institutos, grupos de debate, centros de investigación, fundaciones, comités especializados, asociaciones culturales, clubes internacionales, agencias de relaciones públicas…
Pueden estar más o menos a la sombra del poder, o funcionar como asesores e incluso como lobbies.

Sus intereses suelen ser preferentemente políticos, tecnológicos o económicos
.

La savia de los think-tanks estriba en sus analistas. Ellos, al fin y al cabo, son los motores de su producción intelectual. No debe confundirse intelectual con académico.

Un think-tank ideal sería el lugar de encuentro entre universitarios, acostumbrados al rigor y la disciplina del saber, políticos o funcionarios con experiencia práctica en el desempeño del poder, y analistas propios, que combinen lo mejor de cada caso
.

En teoría, su estatus legal es el de institución privada, su estructura económica la de fundación no comercial, y están encaminados a la aportación de soluciones sobre diferentes temas con una línea ideológica determinada.

En Estados Unidos se encuentran mucho más desarrollados y poseen un gran peso político, mientras que en Europa (de aparición más reciente), su capacidad de influencia es mucho más limitada.


El primero y modelo de todos fue la Rand Corporation, creada en Santa Mónica (Los Angeles) inmediatamente después de la II Guerra Mundial por el general Curtis LeMay, jefe del Estado Mayor del Aire, con el objeto de reunir a una serie de brillantes cabezas estratégicas para que pensaran sobre las implicaciones de la nueva y terrible arma con lo que se había precipitado el fin de la guerra.
De lo atómico fueron pasando a ocuparse de otros muchos aspectos de la fuerza y su uso en la política internacional.


Pero lo que caracteriza a la mayoría de los más influyentes think tanks de nuestros días es, su proclividad a impulsar la hegemonía occidental aunque sea al precio de la guerra o incluso de restringir las libertades democráticas (en la línea, por ejemplo, del fallecido filósofo Leo Strauss, el ya célebre gurú de los neocon).


No menos significativo es el hecho de que tienden a constituir una red que acaba estando directamente vinculada a los gobiernos, cuando no pone a éstos bajo su influencia.

Nombres como Rockefeller (la dinastía), Hayek, Kissinger, Brzezinski, Pipes (padre e hijo), o Condoleezza Rice se asocian a potentes think tanks, perteneciendo con frecuencia a más de uno. Muchos otros miembros son básicamente desconocidos pero no menos influyentes (es el caso, en el contexto español, de Bardají o Portero, ambos vinculados a la FAES y al GEES, centros de “estudios” de la derecha más dura y agresiva del sistema, que ve con añoranza el periodo aznarista, justifica la guerra de Irak, promueve el ataque a Irán y fomenta descaradamente la islamofobia; todo ello, como puede comprenderse, al servicio del Imperio Global).


Se registan 5.550 de estos centros, de los cuáles hay:

1.872 instituciones en Norteamérica (34%),
1.208 en Europa Occidental (22%),
653 en Asia (12%),
538 en América Latina (10%),
514 en Europa del Este (9%),
424 en África (8%) y
213 en Oriente Medio (4%).


Entre los hechos más notables o llamativos que cabe atribuir, en mayor o menor grado, a la influencia de los think tanks son: la exageración del peligro militar soviético durante la guerra fría, el atentado a Juan Pablo II, la llegada de George W. Bush al poder, la creación de la fantasmal Al Qaeda, la desestabilización de la Venezuela “bolivariana”, la implicación de Europa en la guerra contra Irak, el aprovechamiento del tsunami de finales de 2004 para militarizar la zona afectada, la “guerra de las caricaturas” en los primeros meses de 2006...


Think Tanks en España

No existe un modelo español de laboratorios de ideas, sino que se aplica el modelo anglosajón. Dentro de ese modelo, el estadounidense se estructura a la manera de una empresa, con numerosos trabajadores estables.
En cambio el británico (que es el que ha importado España), cuenta con un staff mucho más reducido y hace recaer la labor analítica principalmente sobre colaboradores externos.


Un think tank se crea fundamentalmente para concienciar al ciudadano de su responsabilidad en la política y al político de su responsabilidad con la sociedad...  otra cosa es que ciudadanos y políticos les hagan caso.
En Estados Unidos o el Reino Unido se lo hacen. ¿Y en España?


El propio presidente Zapatero es miembro de uno, la Fundación Alternativas, de donde parten muchas de las medidas de orientación laicista como la asignatura de Educación para la Ciudadanía, y encargó a Jesús Caldera la creación de la Fundación Ideas, de inspiración izquierdista y asesor en la reforma de la ley del aborto. Son ejemplos de cómo la batalla de las ideas, lejos de ser ese olimpo abstracto, tiene consecuencias muy concretas... que después se convierten en leyes.

Los think-tanks son vitales para poder elaborar una doctrina nacional, nuestra visión específica sobre lo que nos interesa y lo que no.

La Universidad de Pennsylvania, ha publicado un reciente informe en el que evalúa y clasifica por orden de relevancia los laboratorios de ideas más influyentes de todo el mundo. En España, sitúa a la cabeza a la Fundación para el Análisis y los Estudios Sociales (FAES) —cumple su vigésimo aniversario—, institución de tendencia liberal-conservadora que preside José María Aznar y que nutre al PP de información programática.

En segundo lugar está el Real Instituto Elcano, presidido por el Príncipe Felipe de Borbón y dedicado al estudio de las relaciones internacionales
.

La Fundación Ortega y Gasset para la difusión cultural, es presidida por el Rey.

Se trata de un fenómeno en claro auge en España, y aunque aquí está lejos del poder fáctico que ostenta en el mundo anglosajón (su cuna), ya hay media docena de laboratorios realmente importantes en el ámbito de:

la política —FAES, Pablo Iglesias, Alternativas—,
las relaciones internacionales —Elcano, Grupo de Estudios Estratégicos (GEES), Fundación para las Relaciones Internacionales y el Diálogo Exterior (Fride)—,
la economía —Círculo de Empresarios, Fundación de Cajas de Ahorro (Funcas)— o
la tecnología (Fundación Cotec).

En nuestro país, personalidades como el propio Aznar, Alfonso Guerra o Jordi Pujol han encontrado en estos centros la forma ideal de retirarse a la segunda línea política, desde donde surten de argumentos al frente activo.

En Estados Unidos es muy común el camino inverso: saltar a la carrera política desde un think tank, caso de Condoleeza Rice.


A diferencia de lo que ocurre en la mayoría de los existentes en Europa Occidental, los estadounidenses no mantienen vínculos formales con formaciones políticas, aunque ello no obstaculiza un diálogo sumamente fecundo con los líderes.

Otro distingo fundamental son los ingentes recursos de que disponen, a través de patronatos y patrocinios que los esponsorizan. La mayoría de los mejores institutos estadounidenses cuenta con un presupuesto que ronda los 30 ó 40 millones de dólares anuales, exceptuando RAND Corporation, que debe de ser el mejor financiado del mundo, con un presupuesto de 251 millones de dólares.

En España
, el modelo es mucho más escueto y flexible: los más modestos sólo necesitan 200 ó 300.000 euros para trabajar. Hay casos de financiación mixta: concurren a subvenciones estatales amén de las aportaciones privadas, pese a que podría verse comprometida su independencia. Así, FAES o el Elcano cuentan con un 25% de presupuesto público y un 75% privado, hasta completar unos recursos totales que rondan los cuatro millones de euros.



Fuentes:
Gaceta.es
"El Gobierno invisble. Think Tank: los hilos que manejan el mundo" de Bruno Cardeñosa.

Etiquetado en Política

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