La diplomacia "suave" de China en África

Publicado en por Emma Rodriguez


Ya lo decía Napoleón: "Cuando China se levante, el mundo temblará".

Los efectos que conlleva que China se haya convertido en una especie de superfábrica mundial se notan un poco por todos lados.


El gobierno de Pekín presentó el 12 de enero de 2006 un documento titulado “La política de China en África”, que retrata y al mismo tiempo constituye la punta del iceberg de un fenómeno de gran calado, que dura desde hace años :la penetración china en el continente.

Las buenas relaciones entre China y los países africanos no son nuevas. Desde la época de la independización, la Guerra Fría y la No-Alineación, China ha venido tejiendo relaciones diplomáticas importantes con parte de los gobiernos del continente. El primer país africano que reconoció a China Popular e instauró relaciones diplomáticas con Pekín fue el Egipto de Nasser en 1956.

El panorama internacional, no obstante, ya no es el mismo.

China empezó su nueva penetración en África hace diez años, atraída por las riquezas minerales del continente, sobre todo por sus reservas de petróleo y gas (sin olvidar las de cobre, cobalto, carbón y oro), necesarias para permitir que se mantenga en el país asiático un rápido ritmo de crecimiento económico. Pero fue también la presencia de mercados de fácil penetración, en los que las manufacturas chinas, de buena tecnología y poco precio, desbaratan toda competencia, lo que atrajo la atención de Pekín. África satisface, pues, las necesidades primarias del gran crecimiento económico del gigante chino, que ha sabido crearse amplios espacios de acción en el continente.

La “conquista” china de África había comenzado hace algunos años sin mucho bombo, con mucho pragmatismo, pero se hizo tan evidente que despertó el interés del resto del mundo; el de los analistas políticos y económicos, pero también el de los gobiernos, empezando por Estados Unidos y Francia, que se encontraron con que habían perdido terreno, en beneficio de Pekín, en un continente considerado estratégico tanto para sus intereses económicos como geopolíticos.
Bastan algunas cifras para entender cuál es la cuestión: según datos oficiales del gobierno chino, el volumen de intercambios comerciales entre China y el continente africano se ha cuadruplicado en los últimos cinco años.

China está dispuesta a abastecer una asistencia material incondicional, contrariamente a los préstamos del Fondo Monetario Internacional o a los subsidios de los donantes occidentales, siempre sometidos a la situación política.

Cifras

En 2007 el gigante asiático invirtió 4.500 millones de dólares en infraestructura en África, más que todos los países del G8 juntos, y el comercio bilateral entre ambas regiones aumenta a un ritmo vertiginoso año tras año -entre un 30 y un 50%- hasta superar los 80.000 millones de euros el 2008.
Y para poner solo otro ejemplo: el número de empresas chinas presentes en el continentese ha doblado solo en los dos últimos años y ya suman dos millares.
Podría llegar a 100 mil millones de dólares en 2010.
El 45% de la ayuda al desarrollo de China se dirige a África.

Sudán

E
n octubre de 2000 Pekín ya estaba presente de modo importante en algunos países africanos. Sobre todo en uno, Sudán, que se convirtió oficialmente en productor y exportador de petróleo en setiembre de 1999 gracias mayormente a la intervención china.

Que en el subsuelo de la región fronteriza entre el Norte y el Sur de Sudán hubiera petróleo se sabía ya desde finales de los setenta; sin embargo, la reanudación de la guerra civil entre las dos partes del país en mayo de 1983 había impedido trabajar a las compañías petrolíferas extranjeras presentes en el terreno.
Absorbe el 60% de la producción petrolera.

Con el 40% de las acciones, el socio mayoritario del consorcio es la China National Petroleum Corporation

En contrapartida a su implantación en el país, China defiende a Sudán y amenaza de utilizar su veto en el Consejo de seguridad si la ONU toma sanciones contra el gobierno por lo de Darfur.

El 19 de noviembre de 2004 se adoptó por unanimidad una resolución, de la cual se había eliminado toda referencia a eventuales sanciones futuras, mientras en Darfur la situación no presentaba visos de mejora.

Pero no sólo es el petróleo lo que atrae capital chino a orillas del Nilo: están también las infraestructuras por crear ex novo –entre otras una tubería de 470 km. para llevar agua del Nilo y del Atbara a la árida región oriental (un proyecto adjudicado en junio de 2005 y que costará 345 millones de dólares) y el mayor proyecto hidroeléctrico en marcha en el continente, una presa en construcción a 350 km al norte de Jartum, a la altura de la cuarta catarata del Nilo- y la venta de armas, el sector de las telecomunicaciones y la cooperación técnica y médica.

Sudán es el principal destinatario de las inversiones extranjeras chinas y uno de los países africanos con los que Pekín tiene más intercambios comerciales. Pero no es el único. Sobre todo por que no sólo existe el petróleo sudanés
(CNPC), una de las mayores compañías petrolíferas estatales chinas y de las más activas en los mercados extranjeros.

El resto de África

El dinero chino está transformando el paisaje de muchas capitales africanas: desde Yamoussoukro en Costa de Marfil, donde ya se están construyendo alojamientos para 225 diputados marfileños, hasta Luanda en Angola, donde empresas chinas están restaurando un barrio entero.

También fuera de las capitales son visibles los cambios; chinos son tanto el capital como la ingeniería de la ferrovía construida en Angola, por ejemplo, o las carreteras y los puentes levantados en Ruanda, así como la autopista en Etiopía y buena parte de la red de transportes de Zimbabwe.

La buena tecnología a bajo coste que ofrece China mediante sus productos ha significado para muchos países poder saltar a la telefonía celular sin pasar por la red telefónica tradicional, todavía con grandes insuficiencias en muchas capitales africanas.


Pero la influencia China en el sur del Sahara no es solo comercial.
También crecen los proyectos de cooperación, los intercambios culturales, la presencia militar y la influencia política. Sobre todo está última -recientemente ejemplarizada con la negativa de Sudáfrica de permitir la entrada del Dalai Lama en su territorio- empieza a crear tensiones entre China y los países occidentales.

Así, a diferencia de EEUU y la Unión Europea que condenan y embargan a ciertos países no democráticos -aunque no todos- China simplemente establece un “poder suave” -en la expresión del investigador Stephen Marks- en el que no excluye a nadie.

Con una excepción: los países que reconocen Taiwán.

Pero la influencia China en África ¿puede ayudar al desarrollo del continente olvidado?

En este punto los analistas divergen totalmente. Así, la investigadora del Grupo de Estudios Africanos Iraxis Bello destaca que “el crecimiento africano del 7% de los últimos años hubiera sido imposible sin la ayuda china” y que ahora “los africanos cuentan con nuevas infraestructuras imprescindibles como carreteras, aeropuertos o hospitales”.


Respecto a otros elementos que complementan la presencia china en África, hay que referirse a la cooperación militar, centrada esencialmente en la venta de armas y la formación de personal. China ha construido fábricas de armas en Sudán, Zimbawe o Mali y provisiona de material militar (desde aviones y helicópteros a artillería ligera o vehículos blindados) a numerosos países (Angola, Zimbawe, Sudán, Namibia, etc.), con independencia de que se encuentren o no en conflicto.
Por otra parte, desde 2003 China participa en varias misiones de mantenimiento de la paz en territorio africano: Congo, Liberia, Sahara, y colabora con la Unión Africana en el despliegue de cascos azules en Darfur.

Cerca de un millón de chinos viven o trabajan de forma estable en África, construyendo estadios, aeropuertos, vías de ferrocarril o carreteras, gestionando farmacias, salas de masaje o restaurantes. Diez veces más que hace un lustro.

Jóvenes empresarios chinos encuentran en África oportunidades accesibles, con una competencia débil o prácticamente inexistente, y los productos y servicios ofrecidos, de bajo precio, no admiten comparación. Los colectivos que vienen de la mano de las empresas se traen sus propios facultativos y sus cocineros. La integración no existe.


China puede modificar las perspectivas de desarrollo económico del continente, pero ¿también las políticas?

China no va a promover en África valores como los derechos humanos o la democracia occidental, ya que tampoco los asume claramente en su propio país.

Conclusiones

Los africanos tienen todo el derecho de asociarse con China. Pero de ahí a creer que los chinos vienen a invertir en el continente para ayudarlos, hay un trecho.
No debemos tomar a China por lo que no es.
África es el paraíso que les permite obtener todo lo que necesitan.

Su ritmo acelerado de desarrollo condena a China a la búsqueda desenfrenada de recursos energéticos. Encuentra en África una reserva de petróleo accesible y barata.

De paso, recupera los costes por la compra de este petróleo introduciendo toda su mercancía.

El proyecto de creación de todo un barrio chino en Luanda, la capital de Angola, deja entrever que algunos países africanos podrían servir en el día de mañana como colonias de población china.

China ambiciona de convertirse en el país más poderoso del mundo.
Ante esta perspectiva, África puede ser un campo de experimentación del liderazgo que quiere conseguir
.

Fuentes:
-Instituto galego de análise e documentación internacional
-Rebelion.org
-Judith van de Looy: Africa and China, A Strategic Partnership?

Etiquetado en Geopolítica

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