Las Beguinas: las mujeres más libres de la Edad Media

Publicado en por Emma Rodriguez

La época que les tocó vivir

 

La Baja Edad Media será testigo de un inusitado florecer de mujeres místicas que llenarán los siglos XIII y XIV de una presencia femenina con una densidad e importancia desconocidas en la historia del misticismo cristiano, cuyo progresivo conocimiento corre en paralelo a la nueva visión que se tiene de la Edad Media y del peso de la mujer en la sociedad en general.

 

La mujer en la baja Edad Media -se entiende, la mujer perteneciente a las órdenes religiosas, a la nobleza y la alta burguesía - ocupó un papel destacado tanto en la religión (de lo que es buena muestra el poder de importantes abadesas), como en la política (no hay más que referirse a las numerosas reinas), como en la cultura.


Baste recordar, como paradigma de mujer con relevancia política y cultural, a Leonor de Aquitania (1122-1204), mujer extraordinariamente culta, protectora de trovadores y que durante casi medio siglo hizo y deshizo en la política europea.

 

La pérdida de derechos civiles por parte de la mujer no es consecuencia de la Edad Media, en buena parte marcada por el derecho germánico, sino por la progresiva introducción del derecho romano, que negaba la categoría de personas a mujeres y niños, y por el papel que el triunfo de la sociedad burguesa asignará a la mujer.

 

El beguinato

 

Las beguinas encarnan una de las experiencias de vida femenina más libre de la historia.


Laicas y religiosas a la vez (no eran monjas) vivieron con una total independencia del control masculino –familiar i/o eclesiástico- y la libertad de que gozaban. 

 

Las beguinas cumplieron una misión importante: formar, educar, cultivar.


Muchas de ellas volvían al mundo, sus votos eran temporales, vivían una temporada y salían; otras entraban cuando eran mayores y al revés. Era una libertad, que no daban las cerradas órdenes religiosas.


Desde Flandes, norte de Francia y en Alemania, se extendieron por toda Europa hasta convertirse en un auténtico movimiento, tanto por el número de mujeres que se adhirieron a él como por el amplio espectro social al que pertenecían.


Un movimiento que se movió siempre en los tenues límites que a menudo separan la ortodoxia de la heterodoxia.
En una época de guerras y violencia, en la que se tachaba de prostitutas a las mujeres que vivían solas, era todo un atrevimiento prescindir de la protección masculina.

Hay noticia de beguinas en Cataluña y en el reino de Castilla. La historia nos dice que en siglo y medio existieron unas 200.000 beguinas, de ellas conocemos nada más que pequeños núcleos o lo escrito por algunas mujeres que nos han dejado algo de sí mismas.

Por su exclusividad, historia y originalidad arquitectónica los beguinatos han sido declarados por la UNESCO patrimonio de la Humanidad en 1998.
Estos son verdaderas ciudades religiosas, constituidas por una multitud de casas pequeñas (a veces hasta 100), cada una de las cuales está habitada por una o varias beguinas.

Beguinato en Stuttgat (Alemania)

La Iglesia oficial pronto empezó a mirar con desconfianza a estas mujeres, porque eran libres, no estaban sometidas ni a una regla ni a un marido y porque expresaban sus experiencias místicas y su doctrina en lengua vulgar y podían ser entendidas por todo el mundo.

A pesar de contar con frecuencia con la protección de la orden cisterciense y en ocasiones de algunos obispos, las beguinas empezaron a ser perseguidas, a algunas no les quedó más remedio que ingresar en monasterios convencionales, otras tuvieron que sumergirse y aparentemente desaparecer, alguna se encontró con la hoguera de la Inquisición, si bien el movimiento continuó durante siglos en Centroeuropa, pero con mucha más prudencia en sus manifestaciones exteriores.

Su actitud y su experiencia, sin embargo, han llegado hasta nosotros y hoy parecen recobrar un nuevo atractivo, tanto por su doctrina basada en una mística experiencial como por su forma de vida absolutamente moderna en un mundo que ama la libertad y huye de los encorsetamientos institucionales.

La catedrática de Historia Medieval Milagros Rivera Garretas escribe:

"Es una forma de vida inventada por mujeres para mujeres"

"Quisieron ser espirituales pero no religiosas. Quisieron vivir entre mujeres pero no ser monjas. Quisieron rezar y trabajar, pero no en un monasterio. Quisieron ser fieles a sí mismas pero sin votos. Quisieron ser cristianas pero ni en la Iglesia constituida ni, tampoco, en la herejía. Quisieron experimentar en su corporeidad pero sin ser canonizadas ni demonizadas"

"Para hacer viable en su mundo este deseo personal, inventaron la forma de vida beguina, una forma de vida exquisitamente política, que supo situarse más allá de la ley, no en contra de ella. Nunca pidieron al papado que confirmara su manera de vivir y de convivir ni se rebelaron, tampoco, contra la Iglesia".


Beguinas en España:
Asociación de Mujeres Las Beguinas de Jerez de la Frontera.
http://www.beguinas.es/

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