El Mercado Negro

Publicado en por Emma Rodriguez


El comercio ilegal de artículos de moda, armas, medicamentos, personas, drogas, falsificación de moneda y el propio dinero están cambiando el mundo.


Los gobiernos intentan pararlo pero con las fortunas que mueve se convierte en algo imposible.

Hay redes ocultas por todo el mundo realizando falsificaciones.

El mercado negro está en auge.


Me ha sorprendido lo difícil que es obtener información sobre el mercado negro en general. Hay miles de webs que hablan del narcotráfico, la venta de armas y demás... pero sobre el mercado negro en sí mismo hay muy poca cosa. Es un fenómeno muy extendido y no tiene la atención que debiera.


Algunos expertos estiman que hasta un 10% del mercado mundial es ilegal (creo que esta cifra subirá dentro de nada).

Y junto a este se asocia una ola de delincuencia global.

Es el lado oscuro de la globalización.

 

Desde la década de los 90 el mercado negro ha estado creciendo siete veces más rápido que el comercio legal. El mercado negro está produciendo graves consecuencias en la política y la economía: lavado de dinero, corrupción masiva y la subversión de gobiernos enteros.

El comercio ilegal está determinando las relaciones económicas, las fronteras y el papel de los trabajadores, los ejércitos y los gobiernos.


La primera señal inequívoca en todo el mundo de esta transformación se produjo el 11 de septiembre de 2001. Los políticos dirían posteriormente que aquel día «el mundo cambió».


Quizá resultaría más adecuado decir que aquel día se reveló algo sobre el mundo: como mínimo, el increíble poder que hoy reside en las manos de una clase de entidad internacional completamente nueva, intrínsecamente apátrida y profundamente escurridiza.

 

El actual mercado global se pone a la venta prácticamente cualquier cosa que tenga algún valor, incluyendo drogas ilegales, especies protegidas, seres humanos para la esclavitud sexual y la explotación laboral, cadáveres y órganos vivos para trasplantes, ametralladoras y lanzacohetes, y centrifugadoras y precursores químicos utilizados en la fabricación de armas nucleares.

 

No es que los canales de comercialización y distribución que transportan todo este contrabando —y los circuitos financieros que mueven los cientos de miles de millones de dólares que genera cada año— estén precisamente ocultos.


Algunos de los mercados donde se lleva a cabo se pueden localizar en guías turísticas de las grandes ciudades del mundo: el Mercado de la Seda en Pekín, la calle Charoen Krung en Bangkok o Canal Street en Nueva York.


Otros, como la ciudad-bazar de armas y drogas de Darra Adam Khel, en el noroeste de Pakistán, o el centro de tráfico multiproducto y blanqueo de dinero de Ciudad del Este, en Paraguay, que abastece a los mercados argentino y brasileño, no son precisamente lugares de recreo, aunque no por ello resultan menos conocidos.

 

 

Las gafas de sol, los relojes y DVDs que compramos en la calle son falsificaciones, pero también hay fármacos, pasta de dientes, alimentos que pueden ser muy perjudiciales para nuestra salud.

En el mercado hay otros artículos ilegales como puede ser un riñón, drogas, o el banquero que blanquea dinero para los clientes multimillonarios o políticos extranjeros. En la actualidad, las consecuencias negativas del mercado negro están en todas partes.

 

La aparición de Internet no solo ha potenciado la rapidez y la eficacia de todo este comercio, sino que ha multiplicado sus posibilidades, por ejemplo, al albergar mercados online de prostitutas de Moldavia y Ucrania destinados a Gran Bretaña, Francia, Alemania, Japón y Estados Unidos.

 

Quienes se benefician del comercio ilícito no siempre tienen cuidado de ocultarse en la sombra. Muchos ejercen su tráfico abiertamente, desafiando a las autoridades a tomar medidas enérgicas contra ellos,o invitándolas a la complicidad.
En Tailandia, por ejemplo, el dueño de varias salas de masajes se presentó a unas elecciones locales en 2003 con una campaña basada en las críticas a la policía; en realidad, pretendía defender sus propios intereses en el tráfico de seres humanos explotando el descontento generalizado de la opinión pública.

 


Tres ideas falsas sobre el mercado negro

En el libro de Moisés Naím "Ilícitio", una de las pocas referencias que hay sobre el mercado negro en general, explica:

Pese a todas las evidencias, hay al menos tres grandes ideas falsas que persisten en el modo en que todos nosotros —tanto la opinión pública como los políticos— abordamos la cuestión del comercio ilícito global.


-La primera es la ilusión de que no hay nada nuevo. El comercio ilícito representa una antigua y permanente faceta y un inevitable efecto secundario de las economías de mercado o del comercio en general.

Su precursor, el contrabando, se remonta a tiempos antiguos, y en todas las grandes ciudades existen «mercados de ladrones». Así los escépticos proponen que, dado que el contrabando ha sido siempre más una molestia que un verdadero azote, se trata de una amenaza con la que podemos aprender a convivir, como siempre se ha hecho.

Pero este escepticismo ignora las importantes transformaciones que tuvieron lugar en la década de 1990: cambios en la vida política y económica han debilitado las barreras que tradicionalmente utilizaban los gobiernos para sellar las fronteras nacionales.

Al mismo tiempo,las reformas para promover la economía de mercado que se popularizaron en todo el mundo durante esa década también aumentaron las posibilidades y los incentivos para los traficantes.


La tecnología amplió el mercado, no solo en términos geográficos al abaratar los costes de transporte, sino también por el hecho de hacer posible el comercio en toda una gama de productos que antes no existían, como el software pirateado o la marihuana genéticamente modificada.


Las nuevas tecnologías posibilitan asimismo el comercio internacional de productos que en el pasado resultaban difíciles o imposibles de transportar o de «inventariar», como, por ejemplo, riñones humanos. Obviamente, los mercados también se ampliaron cuando los diversos gobiernos liberalizaron economías previamente cerradas o estrictamente controladas, permitiendo a los extranjeros viajar, comerciar e invertir con mayor libertad.

El traspaso masivo a manos privadas de bienes y equipos antes bajo el control exclusivo de los ejércitos nacionales introdujo en el mercado productos que van desde los lanzacohetes a los diseños y maquinaria nucleares, pasando por los misiles Scud.


Un indicio de la explosión del comercio ilícito se encuentra en el constante auge del blanqueo de dinero. Con el tiempo, todo negocio ilícito genera un dinero que debe blanquearse.Y existen amplias evidencias de que, pese a todas las precauciones y medidas legales y en vigor, actualmente hay más dinero negro flotando en el sistema financiero internacional que nunca.

Sin embargo, hasta hoy, con la excepción de las drogas, el comercio ilícito sencillamente no ha sido una prioridad en el derecho ni en la firma de tratados internacionales, como tampoco en la labor policial internacional ni en la cooperación entre las diversas fuerzas del orden. La ONU no diseñó un lenguaje común para describir este fenómeno hasta el año 2000, y la mayoría de los países tienen que recorrer aún un largo camino para adaptar sus leyes a las normativas internacionales, y no digamos para aplicarlas. Hizo falta la aparición de la piratería informática y el nacimiento de los «delitos contra la propiedad intelectual» para añadir nuevos estímulos en la lucha contra la falsificación.

-La segunda idea falsa es que el comercio ilícito no es más que delincuencia. Es cierto que en la década de 1990 las actividades delictivas aumentaron y se globalizaron. Pero pensar en el comercio ilícito internacional como una manifestación más de un comportamiento delictivo equivale a ignorar un hecho mayor y más importante: las actividades delictivas globales están transformando el sistema internacional, invirtiendo las reglas, creando nuevos agentes y reconfigurando el poder en la política y la economía internacionales.

Durante todo el siglo xx, y en la medida en que los gobiernos prestaron atención al comercio ilícito, lo etiquetaron —para su opinión pública y para sí mismos— como la obra de organizaciones criminales.


Conscientemente o no, los investigadores de todo el mundo tomaron el modelo de la mafia siciliana y estadounidense como punto de partida. Partiendo de esa concepción, la búsqueda de traficantes —casi siempre de drogas— conducía a lo que los investigadores consideraban que solo podían ser organizaciones pseudoempresariales:

estructuradas, disciplinadas y jerárquicas.


Los cárteles colombianos, los tongs chinos, las tríadas de Hong Kong, las yakuza japonesas, y finalmente, a partir de 1989, la mafia rusa, se abordaron de ese modo: primero como organizaciones criminales, y solo más tarde como comerciantes. En la mayoría de los países, las leyes empleadas para perseguir a los comerciantes ilícitos siguen siendo las que surgieron en la lucha contra el crimen organizado, como es el caso, por ejemplo, de la Ley de Organizaciones Mafiosas y Corruptas (RICO) en Estados Unidos.


Solo en fecha reciente ha empezado a cambiar esta concepción. Gracias a al-Qaeda, hoy el mundo sabe lo que puede hacer una red de individuos fuertemente motivados, no vinculados por lealtad a ningún país concreto, y potenciados por la globalización.


El problema es que el mundo sigue pensando en tales redes mayoritariamente en términos de terrorismo. Sin embargo, el afán de beneficios puede constituir un elemento motivador tan potente como Dios. Las redes de apátridas comerciantes en productos ilícitos están cambiando el mundo tanto como los terroristas, y probablemente incluso más. Pero este mundo, obsesionado con los terroristas, aún no se ha dado cuenta de ello.


-La tercera idea falsa es la concepción del comercio ilícito como un fenómeno «sumergido». El lenguaje que utilizamos para describir el comercio ilícito y para enmarcar nuestros esfuerzos por contenerlo traiciona el persistente poder de esta ilusión.

Esto ocurre con la expresión mercado negro,o la distinción supuestamente clara entre dinero negro y dinero blanco. Todo ello alude a la claridad, a la capacidad de trazar líneas económicas y morales, y patrullar unas fronteras que en la práctica se confunden.

Ésta es la más peligrosa de las tres ideas falsas, puesto que pisotea fundamentos morales y provoca engañosamente en los ciudadanos —y, por ende, en la opinión pública— un sentimiento de gran rectitud y falsa seguridad. Esto no tiene nada que ver con el relativismo moral. Un ladrón es un ladrón. Pero ¿cómo calificaríamos a una mujer que consigue proporcionar cierto bienestar material a su necesitada familia en Albania o en Nigeria entrando en otro país ilegalmente y trabajando en la calle como prostituta o como vendedora ambulante de productos falsificados?


No se trata solo de contradicciones exasperantes, de injustas muestras de doble moral o de interesantes paradojas. Se trata de claros indicios de que ciertos hábitos humanos han adquirido hoy nuevos matices.

 

Naím expone que los gobiernos no han mostrado toda la voluntad necesaria para evitar este avance del contrabando, y puso como ejemplos al principal jefe de inteligencia de los servicios de seguridad de Perú durante los noventa, Vladimiro Montesinos, quien a su vez resultó ser el jefe de una red internacional de traficantes de armas y de dinero.

El tráfico ilícito no sólo abarca las administraciones públicas, sino que "las coloniza, las esclaviza, las manipula y las compra", configurando comercios a niveles tan altos que "es imposible que las administraciones no estén involucradas".

Cuando compramos un producto pirateado estamos tocando la punta de un iceberg que tiene ramificaciones planetarias y que conforma una red de una gran sofisticación, pues en realidad se trata de "centenares de redes", especializadas cada una en una parte muy precisa del proceso de contrabando.

El primer paso para atajar este problema es, según el analista político y también ex ministro de Industria y Comercio de Venezuela, la toma de conciencia por parte de todos de que "existe una amenaza tan importante o mayor que la del terrorismo".

Cualquier otra propuesta es posible que resulte inútil.

Bbliografía:

"Ilícitio" por Moisés Naím. Cómo traficantes, contrabandistas y piratas están cambiando el mundo.

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